España y México son dos países mucho más grandes que sus gobiernos. En los últimos días, la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, visitó México. Vino por muchos motivos, pero, entre otros, para rendir homenaje a la figura de Hernán Cortés.

Tenga o no razón sobre si Hernán Cortés fue héroe o villano, o si fue bueno o malo para la República, lo cierto es que esta visita fue inoportuna.

Ahora me remonto a hace algo más de siete años, cuando el entonces presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, escribió la famosa carta al Rey Felipe VI, exigiendo disculpas por los “excesos” de la conquista. España y México vivieron años de incertidumbre ante unas relaciones que se enfriaron hasta casi congelarse. Todo ello afectó de manera severa la relación entre ambos países.

Con el paso de los años finalmente hubo gestos positivos. El Rey Felipe VI reconoció, en una conversación, que pudo haber habido excesos. México lo vio como un primer gesto de buena voluntad.

Semanas más tarde, la presidenta de la República, Claudia Sheinbaum, viajó a Barcelona para asistir a una cumbre de líderes de la izquierda latinoamericana. En ese viaje se reunió con el presidente del gobierno español, Pedro Sánchez. Limaron asperezas. Fue un buen principio.

Sin embargo, en este viaje que ha realizado Isabel Díaz Ayuso, ha ido proclamando soflamas a favor de Hernán Cortés y de la Conquista, un tema sumamente sensible. Y lo único que ha provocado es mover el avispero cuando las aguas ya estaban en calma.

Fue una gran torpeza, y lo fue porque, tal vez, para ella representa votos de cara a las elecciones del próximo año; pero ha tirado por tierra todo el trabajo diplomático que se ha hecho desde España y desde México para normalizar las relaciones entre ambos países.

 

    @pelaez_alberto