Es mucho más la necesidad de estar juntos que separados. Es más, el ansia de amor que de la divergencia. Eso es lo que les pasa a España y a México.

Cuando hace ocho años, el entonces presidente, Andrés Manuel López Obrador, exigió disculpas al Rey de España por los, según él, excesos de la Conquista, comenzó un deterioro en las relaciones entre ambos países que se fue acrecentando hasta hace pocos meses.

Ese deterioro no solamente fue en términos políticos. La economía y el comercio de ambos países se deterioraron como también lo hizo la confianza, en algunas ocasiones incluso provocado por factores exógenos. Todo fue degradándose en un camino que tenía que tener un buen retorno. Había que enderezar una situación que era cada vez más delicada.

El hecho de que el Rey Felipe VI hiciera un comentario en Madrid, hace dos meses, hablando de esos excesos, se dio por bueno en Palacio Nacional. Fue entonces cuando la presidenta, Claudia Sheinbaum, aprovechó para invitar al monarca español a estar en el encuentro, en el partido de fútbol del mundial entre España y Uruguay. Era una buena excusa. Y fue en ese momento cuando parecía que había llegado la reconciliación.

El Rey de España ha estado en Ciudad de México escuchando y departiendo con la presidenta Sheinbaum, a partir de ahora es el momento de volver a mirar hacia adelante, siempre hacia adelante. Tenemos mucho más que nos une que nos desune; Tenemos más encuentros que encontronazos.

La Historia dictamina que no se puede borrar lo que es indeleble, los lazos de sangre, la consanguinidad, el peso de la propia Historia que recae sobre todos nosotros, mexicanos y españoles, es demasiado grande como para que se pueda borrar.

Tenemos que mirar hacia adelante juntos. España ha mantenido siempre una relación de privilegio con México por encima de cualquier otro país latinoamericano. Y eso va a seguir, claro que va a seguir.

 

    @pelaez_alberto