El hombre no está hecho para estar solo; las naciones, tampoco. Tendemos a la unión porque la unión hace la fuerza.

La Unión Europea se creó para poder hacer frente a los grandes como Estados Unidos, India, China o Rusia. Lo mismo el Pacto Andino, que ahora le hace guiños a Europa.

El T-MEC buscó una férrea alianza comercial. Lo mismo ocurre en el sudeste asiático con el ASEAN.

La Liga Árabe y el panarabismo incluyen una unión política que se extiende por otros rubros. Y así van todos, o más bien casi todos.

La excepción hace la regla. Los británicos se separaron de la Unión Europea. Fue muy duro para todos, pero especialmente para ellos. El Brexit marcó un problema relevante, porque quien se fue una de las principales economías del mundo y uno de los tres motores más importantes de la Unión Europea. Al final su salida de la fiesta costó más de cien mil millones de euros, lo que empobreció mucho a todos, pero especialmente a los británicos.

Pero en este mundo global en el que todos ansiamos estar, hay algunos que no lo entienden. Uno de ellos fueron los británicos y su Brexit. Algo parecido le ocurre a España con vascos y catalanes.

En Francia tienen sus propios problemas con los corsos. En Italia, el partido político la Liga Norte propugna un ultranacionalismo con un discurso antiinmigración y euroescéptico.

La Hungría de Viktor Orbán enfatiza una identidad nacional excluyente; y en Bélgica, la histórica división entre flamencos y francófonos ha reavivado pulsiones nacionalistas. La lista podría continuar: es un fenómeno extendido en el continente.

Por eso, entre otros motivos, Europa camina hacia la irrelevancia. Mientras todos se unen nosotros nos separamos. Así nos va.

 

    @pelaez_alberto