Estados Unidos pone y quita presidentes. Estados Unidos instala y desactiva regímenes.

A finales de los años 70, Estados Unidos y su inteligencia coadyuvaron a que llegara el régimen de los ayatolás. En aquel entonces pasaron a ser aliados y así lo fueron muchos años.

Con el tiempo, Irán empezó a ser un socio incómodo hasta que se convirtió en un enemigo irreconciliable.

Durante la Segunda Guerra del Pérsico en 2003, el entonces presidente de Estados Unidos, George W. Bush, calificó a Irán, Irak y Corea del Norte como “el eje del mal”. Sin embargo, no actuó contra el país persa. Le interesaba más el petróleo de Irak que el deseo de acabar con el régimen teocrático de los ayatolás.

Pasaron los años, Irán estaba inmerso en la carrera nuclear con posibilidades de convertirse en un enemigo letal. Había que parar a Irán. Entonces comenzó la Guerra de los Doce Días en junio del año pasado. Estados Unidos golpeó seriamente las plantas nucleares, pero no terminó de neutralizarlas.

Simultáneamente, los ciudadanos iraníes se han ido empobreciendo a niveles superlativos. Además, sufren una dictadura teocrática que ha matado a miles de personas. Todo ello se convirtió en un cóctel molotov a punto de estallar.

El problema es que las acciones bélicas de Estados Unidos e Israel contra Irán que iniciaron el sábado han removido el avispero. Los grupos terroristas islámicos –Hezbolá, Hamás, ISIS, Hermanos Musulmanes, hutíes– están golpeados, pero no muertos, y todos quieren acabar con Israel.

Y algo más, ya se está regionalizando esta guerra. Irán ha atacado instalaciones militares e intereses de Estados Unidos en Oriente Medio. Veremos qué ocurre.

 

    @pelaez_alberto