Ucrania sigue siendo un conflicto olvidado. Solo aparece cuando Rusia intensifica los ataques en el Donbás (la tierra que ambos están disputando) o en los bombardeos efectivos con drones de precisión sobre Kiev, la capital ucrania.
Sin embargo, la guerra continúa. Los muertos, heridos y desaparecidos también. Y algo más que se nos está escapando: la Unión Europea sigue expectante, con unas fronteras cada vez más calientes, ante una Rusia con afanes de expansión como los tuvo siempre.
Noruega, Polonia, Finlandia, Moldavia, Lituania, Letonia, Estonia y otros países siguen con la intranquilidad del que se siente amenazado. Porque saben que pueden ser los siguientes. Y claro que pueden ser los siguientes.
La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ha dicho en unas cuantas ocasiones que Europa debe prepararse ante la posibilidad de una guerra. El anterior primer ministro británico Starmer se expresó en varias ocasiones en términos análogos a los de von der Leyen, mirando a Rusia con escepticismo y precaución. En Alemania se ha hablado en varias ocasiones de volver al servicio militar obligatorio y estudian una ley para que los jóvenes a partir de 18 años que salgan del país comuniquen el tiempo y el lugar dónde van a estar. En caso de una guerra tendrían que volver para incorporarse a las filas alemanas.
A los ciudadanos europeos nos recuerdan con mucha frecuencia que debemos tener en casa agua, víveres, radios de onda corta y baterías. ¿Y todo ello para qué? ¿Qué saben los líderes europeos que no sabemos la ciudadanía? ¿Qué está ocurriendo que los mensajes que nos lanzan son cada vez más peligrosos?
Nadie escribió que una guerra a gran escala no pueda producirse. Acuérdense que hubo dos antes y las dos se produjeron en menos de cien años.
@pelaez_alberto
