En días pasados, las redes sociales tuvieron una turbulencia al percatarse de un error que cometí en mi cuenta de Twitter. A veces los dedos nos traicionan. Otras veces nos llevan a cometer uno de los mejores errores que se pueden cometer. Gracias a la avalancha de críticas contra mi persona, hoy podemos hablar de uno de los grandes errores que sí se están cometiendo en nuestro México: acabar con la diversidad natural.

En el tuit hacía referencia a una situación gravísima que está sucediendo en Tabasco. En los municipios de Macuspana, Centro y Centla está muriendo la población de manatíes, especie en peligro de extinción. Sólo en los últimos meses se han encontrado cerca de 34 ejemplares muertos, según cifras oficiales. Pero de acuerdo con los pescadores de la zona, la cifra aumenta ya a 60 animales muertos. Mientras la Secretaría de Medio Ambiente no ha logrado exponer con claridad la razón de las muertes, expertos han apuntado a que tales decesos estarían relacionados con la contaminación ambiental causada por agroquímicos usados para la producción de palma africana. Y es que recientemente el Instituto Tecnológico de Boca del Río realizó un análisis de agua en la zona y encontró una fuerte presencia de metales pesados.

La organización Derecho Sin Fronteras ha alzado la voz contra este negocio multimillonario, el cual desaparece hábitats naturales completos para la siembra de palma africana que se usa en la producción de aceites y biodiésel. Este lucrativo negocio, que está deforestando regiones completas de humedales en Tabasco y Campeche, es una de las principales amenazas para la biodiversidad global. Se estima que en los últimos 20 años, 90% del hábitat del orangután ha desaparecido en países como Indonesia debido a la producción de la palma. No conforme con extinguir los hábitats de miles de especies, el cultivo de palma africana erosiona los suelos donde se produce. Un suelo afectado por el cultivo de palma tarda hasta 25 años en recuperarse, lo que termina provocando el agotamiento del territorio. En la actualidad, cerca de 30 mil hectáreas de humedales en México corren ese riesgo.

El daño a la biodiversidad sería irreparable si no hacemos algo para frenarlo. Es tiempo de que la Profepa, la Secretaría de Medio Ambiente y su titular, Rafael Pacchiano, den una explicación a la ciudadanía de las acciones que se tomarán para poner fin a la contaminación de los humedales en esta región de nuestro país.

Por eso me da gusto que este error afortunado haya traído a la discusión pública temas como la contaminación del agua, la muerte de los manatíes y de muchas otras especies de aves, reptiles, peces y organismos acuáticos, además de la intoxicación de niños y familias enteras que viven del caudal de esos ríos. Este caso es un síntoma más de la grave crisis ambiental que actualmente vive México. Es tiempo de detener el daño que hacemos al medio ambiente.

Considero que hay dos elementos cruciales para llevarlo a cabo en el México de hoy. Lo primero es una cultura de respeto hacia el medio ambiente, que empiece desde nuestras casas y termine en las leyes necesarias para lograrlo. Como ciudadanos y consumidores tenemos que ser conscientes del daño ambiental que provoca nuestro comportamiento. El segundo elemento es un firme propósito de reconciliación con el medio ambiente. Reconciliación para combatir el deterioro que hemos provocado en playas y bosques, humedales y manglares. Sólo si avanzamos para hacer que nuestras leyes y su aplicación reconozcan este principio como su guía de acción, lograremos un México capaz de preservar los recursos para las futuras generaciones de mexicanos.

@SergioMayerb