No hay duda, “negocios son negocios”. Ante el ofrecimiento de 2 mil 340 millones de dólares en efectivo, la familia Achar dijo hasta aquí con su negocio de pinturas Comex después de 60 años de impulsarlo y le dio el sí a su competidor, el gigante estadunidense Sherwin-Williams que comanda Christopher M. Connor.

 

Comex es una empresa familiar y de gestión privada por lo que no se conocen los resultados financieros de su operación, sin embargo se puede inferir que el precio ofertado por Sherwin-Williams, que más que duplica la suma de sus ventas anuales y su deuda adquirida, es un precio suficientemente atractivo para los socios tomando en cuenta que la expansión internacional emprendida por la empresa en 2004 requiere de nuevos y mayores capitales para enfrentar a mercados con competidores bien posicionados.

 

Por otro lado, el resultado para los Achar ha sido fabuloso en un negocio que iniciaron desde cero (“self-made”) cuando en 1952 “el tío Pepe”, José Achar, lo inició en su garaje de la colonia Independencia de la Ciudad de México con un molino de los años 20. Aquel minúsculo negocio al que se añadirían más tarde sus hermanos, entre ellos Alfredo Achar, se convirtió en una afortunada red de concesionarios que se adelantaría a su tiempo en México al convertir a empleados y socios en emprendedores de la ya consolidada fábrica nacional de pinturas que osaba enfrentarse a reconocidas marcas del calibre de la centenaria Sherwin-Williams.

 

Los Achar, con Alfredo Achar Tussie en la presidencia y, tiempo después, con su hijo Marcos en la dirección general, hicieron de Comex una marca emblemática en México. Según estudios de mercado, más de 90% de la población reconoce a Comex, una marca que posee 52% del mercado de pinturas con tres mil 300 puntos de venta y casi ocho mil empleados.

 

Su comprador, la estadunidense Sherwin-Williams, es un añejo rival que durante décadas le ha seguido los pasos. Ha visto su expansión por cada rincón del territorio mexicano y, con preocupación, vio concretarse sus ambiciosos planes de expansión en América del Norte y en América Latina, así que decidió dar el zarpazo definitivo para hacerse de una bien posicionada marca, con una oferta irresistible. Era imposible pensar en la consolidación territorial de la líder continental de pinturas, sin “comerse” a Comex que vende mil 400 millones de dólares al año, de los que mil millones provienen de sus puntos de venta en América Latina, una región apetitosa por su potencial y desempeño económico ante los vaivenes en la economía estadunidense.

 

Pero el apetito de Sherwin-Williams puede ser frenado por la Comisión Federal de Competencia que deberá dictar su decisión en un lapso legal de 35 días hábiles. Y es que la compra de Comex llevaría a la estadunidense a poseer alrededor de 65% del mercado mexicano de pinturas, tomando en cuenta que Sherwin-Williams ya posee entre 12% y 15% del mercado con 300 puntos de venta, por lo que el ente antimonopolios que encabeza Eduardo Pérez Motta podría condicionar la operación de compra ante la evidente supremacía que ostentaría Sherwin-Williams y los riesgos de mercado que ello acarrearía.

 

Con esta operación, los Achar decidieron “pintar su raya” en el negocio, como reza su exitosa campaña publicitaria en las canchas de fútbol; pero será el árbitro antimonopolios quien, finalmente, dirá la última palabra.

 

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