Los últimos golpes sobre la población civil de Gaza sobrepasan cualquier excusa. Escapar o morir no es —o no debería ser— una opción. Los gazatíes caminan por las playas para ir hacia el sur y no morir bajo las ruinas de la ciudad de Gaza. Se acumulan por miríadas como si fueran animales.
Eso lo está haciendo una persona que es el responsable ulterior: Benjamín Netanyahu.
Nunca tuvieron justificación, pero se pudo llegar a entender a raíz de los asesinatos del 7 de octubre de 2023. Sin embargo, y a pesar de la barbarie de Hamás, hoy van más de setenta mil muertos gazatíes, muchos de ellos ancianos, mujeres y niños.
Se trata de una de las páginas más oscuras de los últimos años y que tendrá que ser juzgada por la propia Historia. Y de la que muchos ciudadanos israelíes no se sienten precisamente muy orgullosos. Al contrario, se avergüenzan.
Las disidencias a la política de barbarie de Netanyahu son cada vez más obvias. Las grietas son cada vez mayores. Incluso por parte de la prensa israelí como el periódico Haaretz, que son cada vez más críticos con la política expansionista de Netanyahu.
Así como al principio estaba la idea de acabar con el terrorismo de Hamás y vengar los asesinatos de los civiles israelíes, que el fanatismo acabó con sus vidas, hoy parece claro que lo que Netanyahu pretende no es eso. Quiere expulsar a todos los gazatíes de sus casas para quedarse con la Franja de Gaza.Desconozco si finalmente de las ruinas de Gaza se quiere hacer un resort de lujo. Subyace cada vez con más fuerza en el aire. Pero solamente el hecho de pensarlo ya es una indecencia.
