Gramma, una tortuga gigante de las Galápagos, murió el pasado 20 de noviembre a los 141 años. Fue considerada la residente más emblemática del Zoológico de San Diego. Nacida en su hábitat natural, llegó a Estados Unidos en las primeras décadas del siglo XX, al Zoológico del Bronx, desde donde fue trasladada a California. Entonces devino en esa presencia inamovible que acompañó a millones de visitantes durante generaciones.
Apodada por sus cuidadores como “la reina del zoológico”, Gramma fue testigo de más de un siglo de historia. Durante su vida, sobrevivió a dos guerras mundiales, pandemias globales, la llegada del hombre a la Luna y al mandato de más de 20 presidentes estadounidenses. Su longevidad la convirtió en un referente no solo para el recinto, sino también para la comunidad científica y conservacionista.
El zoológico informó que el 20 de noviembre se tomó la difícil decisión de practicarle eutanasia, debido al deterioro de su salud y a problemas óseos propios de su avanzada edad. La medida fue descrita como un acto compasivo, tras meses de seguimiento médico que confirmaron que su calidad de vida se había reducido significativamente.
Legado y conservación
Su muerte pone fin a una era. Durante más de un siglo, su presencia ayudó a la sensibilización del público en cuestiones como la importancia de proteger a las especies de las Islas Galápagos, consideradas un laboratorio natural único en el mundo.
El Zoológico de San Diego destacó que Gramma fue un símbolo de resiliencia y longevidad, y que su memoria seguirá inspirando programas de educación ambiental y proyectos de protección de especies en peligro.
La comunidad internacional lamentó su partida, reconociendo que pocas criaturas han logrado vivir tanto tiempo y ser testigos de tantos cambios en la historia humana. Con 141 años, Gramma deja una huella imborrable en la memoria colectiva y en la lucha por preservar la biodiversidad del planeta.
