Es difícil ponerse muy optimista con nuestra tercera Copa del Mundo, la del año que viene, por varias razones.

Primero, las condiciones en que se encuentra nuestra ciudad. Entiendo que el cuatroteísmo va a dejar ir todo el billete (en caso de que haya, porque la economía ya se hundió) para tapar baches, pintar carriles en el Periférico, cerrar fugas, quitar ambulantes para que Mbappé y Lamine Yamal no lleguen al estadio oliendo a suadero, etcétera.

Entiendo, o espero, que meterán toda la maquinaria negociadora para tratar de impedir bloqueos del magisterio, los agricultores y los normalistas, y que investigarán y, si pueden o quieren, desactivarán al bloque negro.

Entiendo también que México ha demostrado otras veces su capacidad para meter el acelerador y armar tremendas fiestas planetarias en medio de la crisis. Así fue en el 86, con el sismo del año anterior. Pero es que esto la 4T, oigan. El neoliberalismo, incluso el más viejo, tenía una capacidad operativa que el Gobierno del Pueblo no ha demostrado una sola vez.

Va el recordatorio: trenes descarrilados, refinerías inundadas e incapaces de producir un barril, aeropuertos desérticos perdidos en la nada, vacunas contra el Covid que siguen sin aparecer, respiradores que acabamos almacenando o regalando a Cuba, redes sociales que díganme ustedes dónde están, una petrolera con pérdidas de récord planetario, y la lista sigue. Un desastre. Integral. Sin meternos en la corrupción, que también es de récord histórico.

Luego tenemos al crimen organizado: Guadalajara, Monterrey y la Ciudad de México tienen problemas de violencia muy serios, que amenazan con contaminar el Mundial en forma de asesinatos, extorsiones o lo que ustedes quieran.

Enseguida, lo simbólico. La Presidenta ha decidido, muy poco convincentemente, no presentarse a la inauguración y regalarle el boleto a una niña indígena. Nos queda claro a todos que, puestos a invitar niños, un segundo boleto sí le hubieran dado. De hecho, puestos a darle al populismo, salir en la foto con la peque hubiera sido más poderoso que dejarla sola en el palco. Pero…

Para remate, tenemos una selección verdaderamente mala porque tenemos un futbol verdaderamente disfuncional, con lo que enfrentamos la perspectiva de pasar a la segunda fase luego de vencer a un par de equipos de tercera categoría y, con un poco de mala suerte, irnos del torneo con ocho goles endosados por, digamos, Francia o España.

A lo mejor lo de que Trump nos quiere quitar el Mundial es un wishful thinking.

 

     @juliopatan09