Cuando el año se acerca a su fin es común el deseo de tener un tiempo de desconexión. Si es posible salimos de la ciudad, si no, nos quedamos a disfrutar de la tranquilidad que se vive en estos días. Muchos nos desconectamos de la realidad explorando el universo de las letras: novela, poesía, biografía, fantasía, en fin, nos adentramos en un mar de historias que nos abren la mente y nos hacen conocer lugares extraordinarios.

En México tenemos la fortuna de que esta coyuntura inicia con la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL), la feria más grande del mundo de habla hispana. Y de ahí nos seguimos con una serie de publicaciones en revistas, periódicos, podcasts, etc, en las que críticos literarios —o ávidos lectores— hacen una pausa en sus deberes para recomendarnos los libros que consideran más relevantes o que más les han gustado en el año.

De acuerdo con datos del INEGI (2025), los mexicanos leemos en promedio 4.2 libros al año, siendo los jóvenes de entre 12 y 24 años, los que más leen. Estudios anteriores del Instituto, mostraban que el 45.7% de los niños de entre 5 y 17 lee por gusto; sin embargo, el 54.3% no lee o, al menos, no lo hace por placer.

¿Qué determina que los niños y jóvenes construyan ese gusto por la lectura? Creo que contribuye, en primer lugar, vivir en un hogar donde los padres leen y disfrutan de hacerlo; en segundo, que desde muy pequeños se les inculque ese interés leyendo con ellos todos los días. Hoy la oferta de libros infantiles es muy nutrida y, en ésta, podemos encontrar grandes tesoros que compartir con ellos.

En noviembre del 2024 Ediciones El Naranjo publicó un libro álbum llamado El árbol de los secretos, escrito por Vanessa Miklos e ilustrado por Ca_teter.  Este libro, dirigido sobre todo a niños de entre seis y 10 años, fue presentado en la FIL (2024) y galardonado, junto con otros 150 títulos de 47 diferentes países, en la Feria de Libro Infantil de Bolonia (2025) —la feria de libro infantil más importante del orbe— con el Bologna Ragazzi Award, por su inventiva y excelencia artística.

El árbol de los secretos habla de un árbol —un naranjo—que visitan muchos niños para contarle sus secretos, grandes y pequeños, aunque casi todos dulces y bonitos. Amelia, la pequeña protagonista, no se atrevía a contarle el suyo —uno ácido y amargo, al que percibía tan pesado como un elefante.

Este no solo es un libro que disfrutan mucho niñas y niños —y también adultos— sino que su valioso mensaje les ayuda a conectar con sus sentimientos y reconocer que, cuando algo les duele, les pesa o les hace daño en su interior, no deben guardarlo, al contrario, deben contarlo a ese árbol en el que tanto confían. Revelar para sanar, diría la autora.

La trascendencia de este libro, más allá de su linda historia e ilustraciones, está en que se convierte en un lugar seguro para aquellos pequeños que sufren algún tipo de abuso y que los invita, desde su independencia, inocencia, y desde ese bello mundo que vive en su interior, a develar aquel secreto que les impide ser libres y felices.

Sin ser crítico literario —ni el lector que me gustaría ser—, por su trascendencia, sensibilidad y calidad artística, me atrevo a recomendar—a grandes y chicos—, El árbol de los secretos.

 

     @isilop