No terminó una huelga de 18 años; lo que terminó fue una de tantas mentiras que sostienen al eterno intento de minero: Napillo, quien no se ha cansado de saquear las cuentas del Sindicato Minero y de enriquecerse de manera grotesca, junto con su familia, a costa del trabajo ajeno.

Por años, Napoleón Gómez Urrutia —desde la opulencia y el enriquecimiento ilícito— privó del derecho al trabajo a miles de mineros en Cananea. Lo hizo bajo la mentira de que, al sostener un movimiento de huelga, recibirían años de salarios caídos, prestaciones y horas extras; casi les prometió que serían millonarios.

La huelga inició en julio de 2007 y Gómez Urrutia tuvo la oportunidad de terminarla, pero no quiso. A meses de iniciado el conflicto, la empresa ofreció pagar la totalidad de salarios y prestaciones y cumplió cuanta petición hizo el Sindicato, incluso en temas de seguridad e higiene. Sin embargo, Napillo se negó. La verdadera razón no eran violaciones al contrato colectivo, sino las varias órdenes de aprehensión que pesaban sobre él por el robo de 55 millones de dólares (mil millones de pesos) de los mineros. La huelga era su moneda de cambio para presionar al Gobierno y lograr que se las retiraran.

Na-pillo condenó a la miseria a miles de trabajadores: perdieron sus empleos. De nada sirvió el sacrificio porque la huelga no era una lucha obrera, era el interés personal de un pseudolíder desbordado por la avaricia.

Hoy, esos mineros cobrarán un dinero que debieron recibir hace años. El monto a repartir será de 45 millones de pesos, la misma cantidad que la empresa ofreció hace casi 18 años. En pocas palabras: ni un peso más de lo que por ley corresponde. No hay salarios caídos ni horas extras; no hay nada más que las mentiras de ese bribón.

Hace unos días recibió la indicación del Gobierno de volver de sus tradicionales y derrochadoras vacaciones de fin de año por Europa. El vividor llevaba casi tres meses paseándose con su esposa por Francia, Austria y España, asegurando que así "fortalecía la imagen de los trabajadores". Pero cuentan que bastaron un par de chasquidos desde Palacio Nacional para obligarlo a regresar "con la cola entre las patas", para dar la cara en La Mañanera y simular que se hizo justicia.

En todo esto hay un acierto, y no es de Gómez Urrutia, sino de la administración de la presidenta Claudia Sheinbaum, quien por fin le "amarró las manos" para que dejara de lucrar con una huelga inexistente. Se sabe que los mineros recibirán beneficios gestionados por el Gobierno —sistema de salud y ayuda de pensión—, pero esto dista mucho de las promesas de Na-pillo.

Hay que decirlo claro: Napillo abusó de la precariedad de los mineros. No sólo con Cananea, sino también en Sombrerete y Taxco. A la fecha, sigue descontando días de salario a miles de trabajadores con el pretexto de "apoyar a los huelguistas".

Esas huelgas dejaron de existir hace años: Cananea trabaja desde 2010; Sombrerete es productiva desde 2018 y en Taxco el mineral se agotó. Las huelgas eran sólo una ficción de Gómez Urrutia.

Aplaudimos la determinación de la presidenta Sheinbaum de ponerle un alto, pero también la invitamos a revisar la irregular "toma de nota" de este personaje y a hacer justicia a miles de estafados y verdaderos dueños de los 55 millones de dólares. Las y los trabajadores de México no necesitamos líderes inventados, lo que necesitamos es estabilidad laboral y empleos dignos.

 

     @CarlosPavonC