Conoce una parte de la historia de la otra Navidad, la de los marginados, en calles de la Ciudad de México.
Alejandro Salas Roa |

En Navidad y previo a esta fecha, algunos automovilistas hacen sonar sus claxons, se orillan por la lateral de Paseo de La Reforma, yendo con rumbo a Chapultepec, a un costado de la Diana, para darles pelotas, cena y juguetes a los niños que se pasean y brincan cada raya del paso peatonal como si se tratara de una bebe leche, ajenos, pareciera por instantes, a la situación económica por la que pasan.

Justo en ese semáforo se encuentran Pilar y sus tres hijos durante la noche del 24 de diciembre.

Su marido partió de Chiapas en el 2021 con rumbo a Estados Unidos, pero al día de hoy Pilar no sabe nada de él, ni su paradero ni mucho menos si ha de volverlo a ver otra vez.

Platica con resignación en su voz, que la última vez que tuvo noticias de él fue en la ciudad de Reynosa, en el estado de Tamaulipas.

'La ciudad tiende a ser difícil'

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A excepción de su hija más pequeña, todos también son del poblado de Comitán, relativamente cerca del Lago del Chiflón, al Norte de Chiapas.

Lleva cinco meses en la capital y confiesa que a pesar que la ciudad tiende a ser difícil para el cuidado y la crianza de los niños, admite que hay mejor calidad de vida en las grandes urbes que la que se puede encontrar en las selvas o en el campo.

Mientras Pilar, con María (2 años), atada a su regazo, Guadalupe (8 años) y Enrique (5 años), se distribuyen entre los cruces para alcanzar a cubrir el mayor número posible de coches y así pedir ayuda a sus conductores, la noche fría sigue cayendo y con ella el silencio se adueña de las calles de una de las ciudades más grandes del planeta.

Otra Nochebuena y Navidad que no se vive en los hogares, sino en la calle

Por la zona caminan algunas parejas que pasean a sus perros, algunos vagabundos, turistas, borrachitos, autobuses desérticos, totalmente vacíos a excepción del conductor, pasan también ingenuos transeúntes, trabajadores que intentan llegar cuanto antes a sus reuniones familiares y los otros, los que están solos, esos a los que no espera nadie.

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Se pueden observar vendedores de café, motociclistas, algunos en situación de calle, descalzos que van rezando, con sus manos bien pegadas, y repiten plegarias en una lengua desconocida para mi, policías y ciudadanos nocturnos que van tose y tose debido al frío que empieza a calar hasta los huesos.

Aquí sobre el asfalto, no hay pavo ni pierna, mucho menos ensalada de manzana, ni regalos debajo del árbol, no hay brindis ni noche buena, solo hay un golpe de realidad que hace pensar y recapacitar cual es el verdadero propósito de la Navidad.