En las grandes ciudades la política pública convencionalmente privilegia los centros de poder y reproducción económica sobre las expectativas de las periferias. Se genera una paradoja en ellas: alta densidad con escasa presencia institucional. La CDMX busca imprimir un viraje de 180 grados.
En Parias Urbanos: Marginalidad en la Ciudad, el sociólogo urbano francés Loïc Wacquant advierte de la creación de desigualdad a partir de la retirada del Estado social, y la necesidad de una respuesta integral, no solo coercitiva o esporádica. En otras palabras, política pública territorializada.
La jefa de Gobierno de la capital nacional, Clara Brugada, ha impulsado la descentralización para redistribuir recursos y atención, llevando la presencia del brazo ejecutivo del Estado a las zonas más alejadas. La videovigilancia es un ejemplo.
De ser una herramienta reactiva para documentar delitos, ha pasado a ser infraestructura preventiva y señal permanente de presencia institucional. Más allá del panóptico como metáfora del control de Michel Foucault, la vigilancia pública en contextos urbanos complejos indica que el territorio importa y es vigilado de forma continua.
La instalación de cámaras del C5 en áreas como Topilejo es parte de una estrategia más amplia para incorporar las periferias al sistema de seguridad metropolitano en tiempo real, permitiendo una reacción más rápida y de disuasión. Acción integrada al crecimiento el año pasado de 36 por ciento en el número de equipos instalados en la CDMX, que ya alcanzan los 113 mil 814.
En este aspecto, la noción de "territorios de paz" reconoce que la violencia se combate con reglas claras, servicios constantes y tecnología capaz de reducir la incertidumbre, cambiando conductas antes de que las estadísticas lo reflejen.
Esta descentralización busca reconfigurar la relación entre ciudadanía y Estado. Topilejo simboliza el viraje donde la periferia pasa de ser un pensamiento secundario ("después") a ser el punto de partida ("antes") de la política pública. Se instala la capacidad, fortalece la comunidad y consolidan territorios de paz; el orden de estos pasos es crucial.
El concepto de "baja densidad institucional" no solo implica la ausencia de servicios básicos o fuerzas del orden, sino la falta de una arquitectura estatal robusta que genere sentido de pertenencia y legitimidad. Esta carencia suele ser llenada por lógicas de control social informal o, peor aún, por la economía criminal.
Política pública territorializada, por tanto, es cuestión de seguridad humana, que aborda las causas estructurales de la vulnerabilidad e incluye la inversión en educación, salud y espacios públicos de calidad que mermen eficazmente las ofertas de la ilegalidad.
La hora de las periferias implica un cambio de paradigma, donde la seguridad urbana se medirá por la equidad en la distribución de paz y justicia.
@guerrerochipres
