Nicolás Maduro era un tirano, un personaje siniestro sacado de las atarjeas más sórdidas de ese gran país que es Venezuela. Había dejado el país “hecho unos zorros”, algo parecido a como está Cuba o Nicaragua. Ahora tendrá que purgar sus penas en las frías cárceles estadounidenses, aunque no va a purgar ni por las extorsiones, ni por los asesinatos, ni tampoco por las ejecuciones sumarias, ni por las desapariciones, ni tampoco por el destierro de cerca de diez millones de venezolanos.

Pero una cosa es eso y otra muy distinta es ver que, hasta el momento, no parece que nada vaya a cambiar en la monolítica estructura del poder venezolano.

Los adláteres de Maduro siguen detentando el poder en la administración actual. Si lo que se pretende es una transición hacia un sistema de libertades, están haciendo lo correcto, pero lo cierto es que ni Delcy, ni Diosdado Cabello, ni Vladimir Padrino, ni el resto de los correligionarios siguen un poder enfermos en el mismo y saben que, si lo pierden, podrían terminar también en la cárcel.

Trump ha dicho que durará al menos año y medio la transición. Tal vez sí, pero para eso la oposición tiene que empezar a moverse. María Corina Machado visitará próximamente a Trump. Lo mismo debe estar haciendo la oposición, muchos de ellos en España. Antonio Ledesma, Antonio Ecarri, los López, están buscando posiciones para poder trabajar en la construcción de la libertad.

También se trata de un aviso a navegantes: Cuba, Nicaragua, deben estar preocupadas. Y aquí es donde tenemos que estar muy atentos. El derecho internacional está para que se lleve a efecto. No se puede invadir un país sólo por el interés. Al final, los estados son soberanos y eso no podemos olvidarlo.

 

     @pelaez_alberto