Donald Trump cercó a Venezuela por mar y aire, para finalmente detener o extraer a Nicolás Maduro y parece que pretende hacer lo mismo con México y otros países latinoamericanos.

No solo es el aviso de la FAA sobre “operaciones militares’’ sobre aguas internacionales, sino el hecho de enviar tropas a la frontera norte sin que haya, aparentemente, ni aviso ni motivo.

El tema de la migración hacia Estados Unidos ya no está en la mesa de las discusiones bilaterales.

Como nunca, el Gobierno mexicano se ha esforzado en cerrar su frontera sur para evitar que la migración ilegal llegue al norte y se utilice como pretexto para “apretarlo’’ en negociaciones pendientes.

El propio Trump ha reconocido que la migración ilegal hacia Estados Unidos ha bajado a niveles históricos, en buena medida las políticas aplicadas por el Gobierno mexicano, al que le ha escatimado reconocimiento por esa labor.

No todo tiene que ver con sus salvajes redadas y el fortalecimiento inexplicable del ICE; también cuenta que el gobierno ha destinado miles de guardias nacionales para evitar las caravanas que se vieron en el sexenio anterior.

Ayer mismo, sin que hubiera una explicación oficial hasta el cierre de este espacio causó revuelo el hecho de que un Super Hércules C-30 del ejército estadounidense aterrizara en el aeropuerto de Toluca.

Y como ya Trump avisó a México su intención de capturar a los capos que nuestro gobierno no encuentra, la sola fotografía del avión militar incentivó las teorías conspirativas.

Trump no ha tejido, hasta el momento, un cerco militar en torno a nuestras fronteras o litorales, pero sus declaraciones sí constituyen una especie de corral que tienen atrapado al Gobierno mexicano que parece que sigue sin encontrar la forma de lidiar con el magnate.

Las llamadas de la presidenta Claudia Sheinbaum a la Casa Blanca solo han conseguido comprar tiempo, pero no resuelven el fondo de los problemas o de los asuntos que se deben tratar entre ambos países.

Cierto, no hay portaviones en el Golfo de México o frente al Puerto de Manzanillo, pero la retórica de Trump constituye un cerco virtual que tiene condicionadas las decisiones de gobierno.

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Dé usted por confirmada la visita del Papa León XIV a México, con suerte en el primer semestre del año.

Las negociaciones de la Secretaría de Gobernación y del embajador mexicano en el Vaticano, Alberto Barranco Chavarría, van sobre rieles y solo es cosa de que el Pontífice cuadre la agenda que le ha sido propuesta.

Siempre las visitas papales están llenas de una enorme carga política y ésta no será la excepción.

León XIV llegará a México cuando el país enfrenta una situación económica compleja y una división social alentada desde el poder un día sí y otro también.

Quizá la visita del Pontífice sirva para atenuar esa división que tomó dimensiones colosales a partir de la llegada de López Obrador al poder y que persiste como notoriamente se puede ver en las encuestas realmente serias.

Esperemos solo el anuncio oficial.

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El próximo domingo 25 de este mes se realizará la votación de revocación de mandato en Oaxaca y ya circulan en redes vídeos de funcionarios públicos adoctrinando a la población sobre cómo votar para inclinar la balanza a favor del gobernador Salomón Jara.

No es sorpresa y pese que se rebasó por mucho el número de firmas requeridas para validar el ejercicio de revocación, con todo el apartado estatal jugando a su favor (además de algunas ayudas de cuates de la Federación), Jara parece que la tiene ganada.

 

     @adriantrejo