Cómo puede cambiar todo en la vida. Hace un año, la mano irrestricta del tirano Nicolás Maduro hacía y deshacía por toda Venezuela. Los venezolanos vivían entre el terror de las delaciones, desapariciones o asesinatos, y el miedo a una economía herida de muerte.
Un año más tarde, el terrible tirano vive en una celda de dos por tres, con apenas luz y sin poder ver el sol.
Y en esta ensoñación, vemos al tirano Maduro en esa cárcel de máxima seguridad en Nueva York; a su antigua vicepresidenta y hoy presidenta encargada, Delcy Rodríguez, al mando del país sudamericano manteniendo conversaciones amistosas con Donald Trump; y a la líder “opositora” venezolana María Corina Machado, recibida por Trump en la Casa Blanca y apostando por ella.
Pareciera el mundo del surrealismo. Es como el mundo al revés o los mundos paralelos, pero la historia a veces es tan caprichosa como confusa.
En la actualidad, Venezuela intenta caminar hacia el progreso. Primero es lo primero, y Estados Unidos no ha ocultado su ansia por el petróleo. Pero el país tiene que transitar hacia la democracia.
También es comprensible pensar que una dictadura de veinticinco años no se puede borrar de la noche a la mañana y necesita pasar por una transición hacia la democracia. Algo parecido a lo que ocurrió en España cuando murió Franco: con el referéndum para saber si habría elecciones, con una nueva constitución y con una legalización de los partidos políticos. En todo caso, no deja de ser llamativo el hecho de que Maduro siga otorgándole poder a Delcy Rodríguez, que fue la mano derecha de Maduro y de sus acólitos.
Habrá que ver también qué ocurre con un ala dura del madurismo; me refiero a Diosdado Cabello y sus seguidores. En esta nueva Venezuela caben todos, menos los tiranos.
Nos encontramos ante una Venezuela que quiere mirar hacia el progreso, hacia el futuro. Y todos deberíamos ayudarla.
@pelaez_alberto
