La decisión de politizar el Carnaval de Brasil generó fuerte reacción opositora, con legisladores que exigen devolución de fondos públicos.
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Entre enormes banderas con el rostro del presidente brasileño y el cántico militante “Olé, olé, olé, olá, Lula, Lula”, el Sambódromo de Río se convirtió en el escenario de una polémica que trasciende la samba. La escuela Académicos de Niterói dedicará su desfile de Carnaval a Luiz Inácio Lula da Silva, decisión que reavivó el debate sobre los límites entre homenaje cultural y propaganda política.

Académicos abrirá el espectáculo el 15 de febrero, dentro de una competencia en la que doce escuelas recrean episodios históricos, personajes o tradiciones nacionales. En esta ocasión, la narrativa recorre la vida de Lula desde su infancia pobre en Pernambuco hasta su llegada al Palacio del Planalto, como una forma de agradecer las políticas públicas de sus gobiernos.

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“No es propaganda, es un homenaje”, afirma Hamilton Junior, directivo de la escuela, quien sostiene que muchos integrantes se beneficiaron de programas sociales impulsados por el mandatario. La samba destaca su origen obrero, la militancia sindical y las transformaciones sociales de sus primeros mandatos, aunque incluye referencias a la coyuntura política actual.

Durante los ensayos, imágenes del expresidente Jair Bolsonaro aparecen caracterizadas como prisionero o con alusiones a las muertes por covid, mientras los versos mencionan aranceles, sanciones y la demanda de amnistía para el exmandatario, condenado a 27 años por intento de golpe de Estado. Aunque no se menciona directamente la palabra elecciones, el mensaje se interpreta como una defensa implícita de Lula, quien busca un cuarto mandato en octubre.

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Reacciona la oposición

La reacción de la oposición no tardó. Legisladores de centroderecha y derecha presentaron recursos judiciales para exigir la devolución de los fondos públicos otorgados a la escuela, cerca de 180 mil dólares federales y más de 800 mil dólares municipales. Argumentan que se trata de un acto de campaña financiado con dinero del Estado.

Embratur, la agencia de turismo responsable del apoyo federal, defendió el proyecto al señalar que respeta la autonomía artística de las escuelas. En contraste, sectores bolsonaristas pidieron incluso prohibir la transmisión televisiva del desfile.