En el marco de la conmemoración del Día de la Constitución, el abogado constitucionalista Pablo Andrei Zamudio Díaz recordó que la Constitución Mexicana no es un documento ceremonial ni un vestigio histórico, sino un instrumento vivo que rige la convivencia social y protege de manera cotidiana a las personas frente a los abusos de la autoridad.
El jurista subrayó que la Constitución acompaña a cada persona desde su nacimiento, como una especie de “tatuaje invisible”, en tanto reconoce y garantiza derechos fundamentales que operan como un auténtico escudo frente al ejercicio arbitrario del poder. No obstante, advirtió que dicha protección solo se materializa cuando la Constitución es conocida y comprendida por quienes están llamados a ejercerla y exigirla.
Zamudio Díaz enfatizó que el desconocimiento de los derechos y de las obligaciones constitucionales favorece la normalización de abusos y contribuye a la erosión de la dignidad humana. En este contexto, precisó que todo derecho lleva aparejada una obligación correlativa y que los derechos individuales no son absolutos, pues encuentran límites cuando su ejercicio afecta a otras personas o al interés general, siempre en búsqueda del bien común y del orden social.
Asimismo, destacó la importancia de concebir a la Constitución como una guía viva de actuación y convivencia, y no como un texto simbólico reservado para actos conmemorativos. Recordó que el artículo primero constitucional impone a todas las autoridades la obligación de promover, respetar, proteger y garantizar los derechos humanos, lo que convierte al conocimiento constitucional en una herramienta indispensable para cuestionar y acotar el actuar de la autoridad y evitar la arbitrariedad.
Finalmente, el abogado constitucionalista sostuvo que la responsabilidad social comienza con el conocimiento y ejercicio efectivo de los derechos y deberes constitucionales. En definitiva, señaló, el bienestar común solo puede alcanzarse cuando las personas asumen activamente sus obligaciones y responsabilidades en la vida diaria, bajo el amparo de una Constitución viva y plenamente vigente.
