Un inmueble en la región Mezcalapa-Ocuilapa, en Chiapas, funcionaba como un centro de operaciones de un grupo criminal tipo búnker que mantenía personas privadas de la libertad, coordinaba actividades ilícitas y almacenaba armamento.
Tras semanas de trabajos de inteligencia, autoridades estatales lograron asegurar el predio, identificado por investigadores como un búnker fortificado.
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De acuerdo con información recabada por instancias de seguridad, la ubicación del inmueble no fue fortuita: se encontraba en una zona estratégica que permitía el control de accesos entre comunidades, así como rutas de movilidad hacia puntos clave del corredor Mezcalapa-Ocuilapa.
Esta localización facilitaba la vigilancia de fuerzas de seguridad, el traslado de personas y mercancías ilícitas.

Durante el operativo interinstitucional, los agentes aseguraron un vehículo con reporte de robo, un arma larga, equipo de videovigilancia y documentación vinculada a cobros ilícitos.
En el lugar se hallaron indicios relacionados con delitos de alto impacto como secuestro, narcotráfico y extorsión.
