Aun con la presencia de la Agencia de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) como cuerpo de “seguridad” y sin operativos de detención, el Super Bowl LX terminó convertido en un campo de disputa simbólica sobre migración, control fronterizo y transparencia pública. En una edición marcada por el espectáculo de medio tiempo encabezado por Bad Bunny, Donald Trump habló a distancia mientras activistas y víctimas de abusos buscaban aprovechar la visibilidad del evento para amplificar sus denuncias.
Mientras los New England Patriots y los Seattle Seahawks disputaban el campeonato en el Levi’s Stadium, el mandatario declaró en NBC News que su gobierno sostiene “una frontera fuerte” y que está “totalmente centrado en los criminales, criminales realmente malos”. Añadió que “25 millones de personas” habrían ingresado ilegalmente durante la administración de Biden y que “11 mil 888 asesinos” habrían cruzado la frontera en ese periodo; cifras que verificaciones independientes desmintieron.
También te puede interesar: Toallas y carteles contra el ICE calientan el Super Bowl
Fuera del estadio, la tensión política se manifestó con claridad. Cientos de activistas desplegaron una protesta coordinada contra ICE, distribuyendo entre 15 mil y 25 mil toallas con la frase “ICE OUT”, como parte de la campaña “Banderas en las gradas”. Las piezas —diseñadas por un artista de origen latino— complementaron intervenciones urbanas en San Francisco, donde aparecieron afiches del “sapo concho”, símbolo asociado a Bad Bunny, acompañados de mensajes dirigidos a la agencia.
El contraste entre la atmósfera festiva del medio tiempo —liderada por Bad Bunny y reforzada por Lady Gaga y Ricky Martin— y las protestas en el exterior profundizó la lectura política del encuentro. Durante el show, el cantante entregó un Grammy a un menor, gesto interpretado como una dedicatoria simbólica a Liam Ramos, niño de cinco años cuya detención por el ICE se volvió viral semanas antes.
Desde su red social, Trump calificó el espectáculo del artista puertorriqueño como “uno de los peores de la historia”, aseguró que “nadie entiende una palabra” cuando canta en español y tildó de “repugnante” parte de la coreografía, sobre todo para menores de edad.

Afirmó que el show careció de “excelencia” y lo describió como una “bofetada” al país.
El mandatario no asistió al partido y limitó su participación a mensajes en línea, a diferencia de los demócratas Barack Obama y Gavin Newsom, quienes sí acudieron.
Reportes indican que el vicepresidente JD Vance tampoco estuvo presente, debido a una gira de trabajo en Milán relacionada con los Juegos Olímpicos de Invierno.
La jornada incluyó además un mensaje de la organización World Without Exploitation, que difundió en redes un anuncio protagonizado por sobrevivientes del caso Epstein, con la exigencia de liberar más archivos, previo al testimonio de Ghislaine Maxwell. Aunque no se transmitió durante el partido por su costo, su publicación fue calculada para coincidir con el alcance global.
