Por momentos, los datos parecen fríos: 8 mil 104 empleos formales perdidos en enero, una caída mensual de 0.04%. Pero detrás de cada cifra siempre hay una conversación en la mesa, una póliza que ya no se puede pagar, una llamada para pedir prestado o una renta que comienza a pesar. Sin duda, México inició 2026 con una anomalía que no es menor: es la primera vez en una década que enero no registra una creación significativa de empleos
No es un dato aislado. Es un síntoma de una economía que cerró 2025 creciendo apenas 0.7% y que hoy respira con trabajo. El padrón de patrones ante el IMSS acumula 19 meses consecutivos de contracción anual. En enero desaparecieron 5,842 registros patronales respecto a diciembre. Pero ¿Qué quiere decir esto? Menos empresas registradas implica menos dinamismo, menos inversión, menos certidumbre. Además, buena parte del crecimiento reciente del empleo proviene de la prueba piloto de plataformas digitales; sin ese componente, el avance anual sería apenas de 0.26%. Por lo que el mercado laboral, más que expandirse, se mantiene casi a raya.
Al mismo tiempo, la inflación general se ubicó en 3.79% anual, dentro del rango del Banco de México. El semáforo está en amarillo. Sin embargo, la inflación subyacente —la que revela presiones estructurales— subió a 4.52%, su nivel más alto desde marzo de 2024. Los alimentos, bebidas y tabaco aumentaron más de 6.13% anual; los servicios educativos, 6%. Y aunque parece haber tregua en algunos componentes, no olvidemos que cada mexicano necesitó 4,818 pesos en diciembre para acceder a la canasta básica, lo que representa aproximadamente el 15% de su sueldo promedio o si lo vemos en términos de salario mínimo, equivaldría a 12 días de trabajo para acceder a la canasta.
Además en 2026, las pólizas de gastos médicos mayores registran aumentos superiores a 20%. De modo que tener seguro, comienza a percibirse como un lujo, en un país donde 76.5% de la población no cuenta con ningún tipo de seguridad social, al tiempo que el sector público en este ámbito está cada vez más fragmentado.
Por su parte, el Indicador de Confianza del Consumidor se ubicó en 44 puntos, claramente en terreno pesimista. Especialistas señalan que 76% de los mexicanos anticipa alzas generalizadas de precios y que más de 7 de cada 10 prevé mayores gastos en alimentos, servicios del hogar y gasolina. Solo 7% afirma vivir cómodamente. En ese contexto emerge el ángulo menos visible: la salud mental. Casi 70% de los jóvenes entre 18 y 29 años vive con estrés financiero moderado o alto. Son más de 16 millones de personas que enfrentan incertidumbre laboral, bajos salarios y crédito caro.
Frente a este panorama, no cabe duda que el estrés financiero no es metáfora. Es la externalidad silenciosa del costo de vida. El Banco de México ha optado por la prudencia y mantiene la tasa en 7%, pero la política monetaria no sustituye crecimiento sostenido ni resuelve la fragilidad laboral. Cuando el costo de vivir crece más rápido que las oportunidades, la discusión no puede limitarse a si la inflación está dentro del rango objetivo.
- Consultor y profesor universitario
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