El hecho delictivo no queda en el robo de 55 millones de dólares, sino que Napillo —La Rata, como le dicen los mineros— acumula irregularidades financieras que lo llevaron de ser un empleado de la dorada burocracia (con un alto nivel de deuda) a ser un multimillonario, con una fortuna incalculable en dólares, en bienes inmuebles por todo el mundo, vehículos de lujo, obras de arte y cuentas bancarias en paraísos fiscales.
¿Cómo es que un supuesto defensor de la clase trabajadora, que se dice minero, puede acumular esta fortuna? ¿Acaso Morena no tiene esos datos o no se pregunta de dónde sale tanto dinero? Investigaciones hablan de que sí tiene los datos claros, como para haberlo sumado a sus filas como fuente de financiamiento; por ello lo blindan con fuero hasta hoy.
Existe evidencia, de la Unidad de Inteligencia Financiera y de la Secretaría de Hacienda desde 2005, de que antes de asumir la dirigencia del sindicato, Gómez Urrutia tuvo deudas altas y careció de una base financiera que justifique las adquisiciones multimillonarias posteriores.
Hoy, tan sólo en Canadá, tiene una fortuna de 100 millones de dólares. La “diosa fortuna” también tocó a sus hijos que suman en Baja California Sur un emporio inmobiliario, con una mansión en la playa de 37 millones de pesos, terrenos y alojamientos de lujo.
La Rata tiene un sistema para aprovechar no sólo las cuotas sindicales –que hablaremos en otra columna sobre cómo cambió los estatutos para usar desmedidamente y sin permiso las cuotas–, sino también la extorsión sobre empresas. Por ejemplo: Altos Hornos de México, en quiebra, tuvo pérdidas por más de 150 millones de dólares por las huelgas y tomas de instalaciones orquestadas por Napillo, ya que las forzó a entregarle efectivo y contratos para sus empresas. Las exprimió hasta quebrarlas.
Mientras los mineros perdían todo, La Rata amplió sus fuentes de ingresos, creó empresas para seguir con sus delitos fiscales, como Napale, con la que se autovendió residencias a precios ridículamente bajos, para evadir impuestos.
En otra investigación, las autoridades detectaron que, en 2015, Gómez Urrutia vendió su casa en la calle Camelia, en la colonia Florida de la CDMX, a su empresa familiar por 2.8 millones de pesos, a pesar de que el valor de mercado se estimaba en 30 millones de pesos.
¿Qué tiene que ver el ascenso del falso luchador social, su fortuna desmedida y los mineros? Todo, lleva más de dos décadas robándose las cuotas de los mineros y saqueando las cuentas del sindicato. Se estima que, al año, La Rata recibe casi 200 millones de pesos por cuotas sindicales y, mínimo, 400 millones más del fondo de resistencia, para financiar huelgas y paros prolongados. Lleva años explotando a los mineros, con opacidad y sin rendir cuentas. Este señor, a quien Morena protege, lleva una carrera delictiva que incluye robo, extorsión, malversación de fondos, evasión fiscal, abuso de poder y enriquecimiento ilícito.
Señora presidenta Claudia Sheinbaum: aquí tiene a un verdadero delincuente. El gremio minero, tan golpeado y olvidado por la justicia, le pide hacerse cargo. Hacer justicia no es dar carpetazo a tres huelgas inventadas por este delincuente; es cortarle el camino a las extorsiones, amarrarle las manos para que deje de saquear las cuotas sindicales, hacerlo pagar los mil millones de pesos que robó a los mineros de Cananea, que pague impuestos, investigarlo por enriquecimiento ilícito y regresar ese dinero a los mineros. Hacer justicia es querer a México.
@CarlosPavonC
