Hoy que las relaciones entre países viven un cambio fundacional, los representantes de México en el exterior deberían ser personas altamente calificadas y no improvisados con becas doradas, como ocurrió en los tiempos del PRI.

Lamentablemente, con la llegada de López Obrador al poder y ante la complacencia de los Secretarios de Relaciones Exteriores subsecuentes, el servicio exterior mexicano se ha devaluado hasta convertirse en el patio trasero de los gobiernos morenistas.

¿Cómo se explica que Mario Delgado le haya ofrecido la Embajada de México en Costa Rica al impresentable de Marx Arriaga? ¿Qué méritos goza el exfuncionario de la SEP, autor de los libros de texto ideologizados por encima de los conocimientos prácticos?

Igualmente, ahora se sabe que le fue ofrecida la Embajada de México en Francia a Adán Augusto López Hernández, una de las más cotizadas en el servicio exterior, a cambio de dejar la Junta de Coordinación Política del Senado, solo porque el tabasqueño “habla francés’’.

Morena ha devaluado el trabajo diplomático premiando a incondicionales o a gobernadores supuestamente opositores que le entregaron sus estados.

Omar Fayad, exgobernador de Hidalgo, es embajador de México en Noruega.

¿Lo ha oído mencionado por su trabajo desde que asumió el cargo a principios de 2024? Nada, absolutamente nada se sabe de sus gestiones a pesar de que se encuentra en una de las potencias petroleras por su tecnología.

Claudia Pavlovich Arellano, exgobernadora de Sonora fue designada cónsul en Barcelona por López Obrador pero hoy es embajadora de México en Panamá. ¿Usted sabe qué ha hecho por el país?

Carlos Miguel Aysa González, exgobernador interino de Campeche, fue recompensado con la Embajada de México en República Dominicana; un exilio de playa.

Alejandro Gertz Manero, que se había convertido en un fiscal incómodo por muchas razones, es ahora el embajador de México ante el Reino Unido, en reemplazo de una funcionaria improvisada, Josefa González-Blanco Ortiz- Mena, sobre quien pesan serias acusaciones de los trabajadores de la embajada por su despotismo y falta de profesionalismo, sin que la Secretaría de Relaciones Exteriores haya siquiera emitido una nota sobre las denuncias.

Otro impresentable, Rutilio Escandón, exgobernador de Chiapas, a quienes los chiapanecos deben agradecer la penetración de la delincuencia organizada en el estado como nunca se había visto, fue recompensado con el consulado de México en Miami, solo por ser amigo de López Obrador y cuñado de Adán Augusto López.

Quirino Ordaz Coppel, exgobernador de Sinaloa en España, premiado por López Obrador por cerrar los ojos a la intromisión descarada del narco en la elección que llevó a la gubernatura a Rubén Rocha Moya.

Carlos Joaquín González, exgobernador de Quintana Roo, ahora embajador de México en Canadá, también recompensado por el gobierno lopezobradorista por dejar pasar todo en la elección para gobernador del estado.

Faltan los militantes de Morena que ocupan cargos diplomáticos pero será para otra ocasión.

Los nombres anteriores y las causas por las que ocupan puestos que deberían ser para personal altamente calificado solo confirman lo que muchos trabajadores del sector, con experiencia y méritos para ocuparlos, reconocen en voz baja:

El servicio exterior sigue siendo el patio trasero del gobierno.

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En esta comedia en la que se ha convertido la destitución de Marx Arriaga y que ha vuelto a poner sobre la mesa el tema de los contenidos educativos, la única voz ausente ha sido la del gris líder del SNTE, Alfonso Cepeda Salas, que deambula en el Senado como alma en pena.

Igual está esperando su embajada.

 

    @adriantrejo