Considerado el padre de la estadística moderna, el biólogo y matemático Ronald A. Fisher introdujo la expresión grados de libertad para probar, con mayores niveles de confianza, hipótesis que buscan resolver problemas reales específicos. Estos consisten en el número de valores que pueden variar en una muestra poblacional respetando las restricciones establecidas por una regla determinada (el parámetro estimado) para poder realizar inferencias con rigor científico.
El dos de junio de 2024, Claudia Sheinbaum ganó por amplio margen las elecciones presidenciales. Hoy su popularidad ronda el 71% de aceptación; tiene mayoría calificada en el Congreso y, como ha sido documentado, una Suprema Corte prácticamente a su servicio. A más de un año en el poder se percibe un cambio importante en el estilo de gobierno, sin embargo, la presidenta no cree tener la libertad suficiente para actuar e implementar la mayor parte de las acciones y políticas que desea.
Sus limitaciones van desde lo financiero, pasando por una burocracia incompetente y sin estructura —la debilidad institucional acentuada en el gobierno anterior se suma a problemas añejos de agencia— hasta presiones de Estados Unidos. Pero, sobre todo, enfrenta presiones políticas y dogmáticas al interior del partido fundado por su antecesor —de quien parecen venir sus principales restricciones.
La corrupción, no como mera operación transaccional, sino como actividad que frena la economía, facilita la operación del crimen organizado y daña el tejido social, se ha convertido en el principal lastre del movimiento que supuestamente transformaría la vida pública de México. El derecho a corromperse y hacer negocios —legales e ilegales— alrededor de los recursos públicos parece inamovible. Ay de quien se atreva a trastocarlo, incluso si ese alguien es la Presidenta de la República.
Gobernar sí tiene ciencia, toca intereses y genera conflicto. Los grandes cambios provocan rupturas; las decisiones, por responsables que sean, implican riesgos. Si a esto se suma una narrativa que sostiene su credibilidad en una ambiciosa transformación, no hay lugar a miedos ni a lealtades anodinas. Al final, la lealtad última es con la sociedad a la que se debe el poder.
Poco a poco Sheinbaum va acomodando las piezas para armar su propio gobierno y se deshace de aquellas que no son compatibles con su visión de Estado. Su principal reto es cortar las raíces de corrupción y, sobre todo, romper con esa inercia de impunidad que trasciende la política y que ha ido borrando la línea entre gobierno y delincuencia organizada.
En estadística, no administrar correctamente los grados de libertad, hace que las pruebas inferenciales pierdan potencia, se debiliten y sean más propensas al error. El modelo deja de tener utilidad.
En política esto implica mayor incertidumbre, así como menor control y capacidad de acción. La Presidenta cuenta con más grados de libertad de los que parece. Para poder alcanzar sus objetivos, debe saber y tener la voluntad de utilizarlos estratégicamente. Autolimitarse es permitir que las restricciones que enfrenta comprometan los resultados de su gobierno y, con ello, el futuro del país. El tiempo corre.
@isilop
