El argumento que explica los ataques de Donald Trump contra Venezuela y el fin de semana contra el régimen teocrático del Ayatolá de Irán ya había sido dicho y reiterado hasta el cansancio en la Casa Blanca: la paz a través de la guerra.
El argumento central de las decisiones bélicas del presidente Trump hay que entenderlo en su lógica y no en la de los pacifistas: Estados Unidos tiene para sí la definición de un principio fundacional que Trump precisamente lo ha revalidado y que se conoce como la Doctrina del Destino Manifiesto, definida allá por 1630.
La doctrina señala que la divina providencia decidió que Estados Unidos fuera el centro civilizatorio del planeta y de ahí el concepto de destino manifiesto, aunque la iglesia católica nunca se ha pronunciado en torno a esta argumentación terrenal que provino, se supone, desde el Cielo.
Y Estados Unidos dedicó todo el siglo XIX a expandir su territorio desde la lengüeta en el oeste del Atlántico con las 13 Colonias de más o menos el 10% del espacio actual, y a través de conquistas, guerras y exterminios de indios llegó hasta el Pacífico.
En este contexto hay que entender la intención de Trump de someter a México al dominio estadounidense, de anunciar que Canadá podría ser el estado 51 de la Unión Americana, de comprar o invadir Groenlandia, de recuperar ya el Canal de Panamá y de extender todo su dominio en el continente americano y la zona del Caribe a partir de la Doctrina Monroe de 1823 que anunció que el continente de América era propiedad de los estadounidenses.
El régimen de los Ayatolás en Irán fue un dolor de cabeza con el derrocamiento del Sha, la ocupación de más de un año de la embajada en Teherán con todo y sus funcionarios y de ser el centro de terrorismo musulmán radical hasta la fecha.
Se puede estar de acuerdo o no con los enfoques de Trump, pero muchas de sus decisiones que parecen alocadas responden en realidad a una perspectiva geopolítica de reconstrucción de Estados Unidos como el imperio mundial que emergió de la Segunda Guerra.
Zona Zero
- Muy preocupante pero certera la afirmación del secretario federal de Seguridad y Protección Ciudadana, Omar García Harfuch, en el sentido de que se descabezó al Cártel Jalisco pero la estructura criminal sigue latente y ya se están detectando desde el gobierno federal a los perfiles de los posibles sustitutos del “señor Mencho”. Así que la gran tarea es desensamblar al Cártel de las Cuatro Letras.
(*) Centro de Estudios Económicos, Políticos y de Seguridad.
@carlosramirezh
