El Doctor Patán vio las imágenes de la fiesta por los 90 años del licenciado Bartlett, el patriota soltero que decidió entregar sus últimos años de trabajo político a defender la soberanía eléctrica, y sintió un golpe de envidia, sí, pero, sobre todo, un golpe de orgullo por pertenecer a este movimiento, un movimiento que ya, a estas alturas, podemos decirlo sin miedo a equivocarnos, está en todas partes.
Vi en las fotos del convivio al góber Armenta, a su primo Nachito y a otros egregios tricolores, sin mencionar desde luego al propio licenciado, y dije: “Sí, Morena ya está en el PRI. Lo infiltró”. Dicho en una línea: el movimiento se apoderó del expartido hegemónico, lo purificó –no me crean a mí: lean los elogios que le hizo el compañero Zepeda al compañero licenciado Bartlett– y se fue a conquistar otros corazones.
Como los panistas. Ahí tienen ustedes a los compañeros Yunes; o al compañero Espino, que pasó del Yunque a la democracia popular en una iluminación, previo paso por Movimiento Ciudadano; o al compañero Corral, hombre de letras y de principios mega firmes, pero también muy flexibles, con mucho juego de cintura, según es propio de los buenos boxeadores.
Y como los perredistas. Vean ustedes a Pablo Gómez, que pasó de firme defensor del Pacto por México, a firme defensor del Exquinto Presidente Más Popular del Mundo (EXPMPDM). No pasó él solo, ¿eh? Se llevó a toda la familia a su proceso de conversión. Ah, y como los cristianos, que también se han encontrado muy cómodos en nuestro movimiento juarista. Sin olvidar a otro tipo de socialdemócratas, como mi Cuau. Sí: su carrera brillante y prístina –no estás solo, hermano– empezó, recuerden, en un partido de centro izquierda.
Fue por lo dicho en las líneas anteriores, por esa onda omnipresente que traemos, que aquí su Doctor vio el funeral del señor Oseguera, en el que, al parecer, llegaron montones de coronas de flores, pero anónimas, y dijo: “Entre esos anónimos tiene que haber muchos compañeros de militancia”.
Recuerden que, gracias al EXPMPDM, nos hemos quitado las máscaras y hemos decidido abrazar al crimen, que es pueblo organizado, sin pacaterías burguesas. Aparte de que ese féretro dorado es muy de nuestra estética.
Olvidaba explicarles lo de la envidia por la fiesta del compañero licenciado. ¿No es obvio? La plática, con esos comensales, tiene que haber sido apasionante. Le sumas a Marx Arriaga y al propio Pablo Gómez, dos verdaderos cascabeles, y armas la fiesta no ya del siglo, sino del milenio.
@juliopatan09
