Dalila Escobar, reportera de Proceso, fue clara en su exposición a la Presidenta: desde los medios públicos se violenta con supuestas parodias a mujeres periodistas que cumplen con su trabajo de preguntar, y es que no solo se les representa con personajes grotescos, también se les convierte en las villanas en una narrativa en la que cuestionar es negativo.
En esa dinámica, a las mujeres que incomodan con sus preguntas se les coloca en el blaco de sujetos que detonan la violencia en su contra, no solo en redes sociales, también en la calle.
Horas después de su intervención en la conferencia de prensa de la Presidenta, Claudia Sheinbaum, el miércoles pasado, la reportera explicó que su exposición se debió a que no se puede evadir más lo que ya es tan público: “no hablamos nunca de estas agresiones que todos vemos y después hacemos como que no pasa nada, pero que hemos vivido desde el sexenio pasado”. Los argumentos los vierte en un hilo en la red social X.
Los medios públicos deben ser los primeros en fortalecer la democracia y promover la construcción de una cultura que rechace la violencia. En un país en el que se vive una crisis de violencia de género, los medios del Estado deben ser más rigurosos en la selección de contenidos para evitar ser parte del problema, en lugar de combatirlo.
No es lo mismo “parodiar” a mujeres periodistas en un canal de televisión pública por incomodar a alguien que forma parte del gobierno en turno, o para quedar bien con la nomenklatura del régimen, que hacer una caricatura o cuestionar a un servidor público por no cumplir adecuadamente con su trabajo, o por una declaración falsa, exagerada o soez. La crítica al poder político (y económico también) es obligación de los medios.
El expresidente chileno, Gabriel Boric, dijo en su última declaración como mandatario: “Los medios tienen que incomodar al poder y a mí me incomodaron más de una vez, por lo tanto, cumplían su labor. Y está bien que así sea, tenemos que estar bajo un escrutinio permanente”.
Habría que revisar el papel que los medios públicos han jugado en México en estos últimos siete años, desde donde se han cuestionado y hasta atacado posiciones contrarias al gobierno en turno.
#LoboSapiensSapiens
Disentir no es traicionar
En la Italia de Mussolini quienes disentían con el régimen eran acusados de traidores a la nación, porque en los regímenes totalitarios el disenso se persigue… Aunque estamos muy distantes de esos gobiernos, colgar mantas con los rostros de quienes votaron en contra de la reforma electoral el miércoles pasado, con la leyenda “traidores a la patria”, se parece mucho a las escenas que describen los historiadores cuando abordan este oscuro pasaje de la historia.
Javier Barros Sierra, el rector que marchó al lado de los estudiantes en el 68, decía: “que viva la discrepancia porque es la esencia de la universidad”... y también es parte primordial de las democracias.
@chimalhuacano
