El activista Juan Carlos Trujillo Herrera, originario de Pajacuarán, Michoacán, denunció que el Gobierno de México mantiene una crisis de desaparecidos que no quiere reconocer, mientras que su familia busca desde hace 18 años a cuatro de sus hermanos: dos desaparecidos en el municipio de Atoyac, Guerrero, y dos más en Poza Rica, Veracruz.
Ante la confrontación entre el Comité contra la Desaparición Forzada de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y el Gobierno federal, consideró que el señalamiento del organismo internacional representó una oportunidad para que el país atienda el problema.
Llamó al Gobierno de Claudia Sheinbaum Pardo a aceptar la cooperación internacional, porque consideró que la negación llevará a los activistas a desgastarse, dado que las familias que buscan a las personas, no lo lograrán solas.
“A mí me entristece mucho eso, cómo en lugar de defender una vida, defiendes un ideal nada más. Las familias no vamos a lograrlo”, expresó.
El integrante de la organización Familiares en Búsqueda “María Herrera”, advirtió que como activista seguirá el trabajo que desempeña desde la desaparición de sus hermanos.
“Cualquier ejercicio de las mamás, de nosotros, lo que hacemos, puede verse doblemente valorado si tenemos la voluntad y el corazón de hacer cosas diferentes”, manifestó.
Activista exhibe crisis de desaparecidos en México
Sobre su caso, reclamó que no hay un avance en las investigaciones para dar con el paradero de sus familiares Raúl y Jesús Salvador Trujillo Herrera, desaparecidos en México desde el 28 de agosto de 2008 en Atoyac; y dos años después, en 2010, Gustavo y Luis Armando en Poza Rica, Veracruz, a quienes se les perdió el rastro cuando buscaban a los primeros.
Trujillo Herrera subrayó que a lo largo de estos años, las familias han construido mecanismos de presión social que obligan al Estado mexicano a responder y destacó la creación de la Brigada Nacional de Búsqueda en 2015, como un modelo de organización que permitió a colectivos de distintos estados hacer exhumaciones y localizar restos humanos.
Advirtió que esta movilización también evidenció la crisis forense nacional y el rezago institucional dada la falta de capacitación para atender la grave crisis que se tiene y recordó el caso de los 43 normalistas de Ayotzinapa como punto de inflexión en la organización de las familias.
“Para mí esos jóvenes fueron un puente. Ahí se abrió un panorama mucho más amplio”, expresó y señaló que a partir de ese hecho, colectivos de búsqueda comenzaron a salir al territorio y localizaron decenas de fosas clandestinas en todo el país.
Explicó que su madre, María de Herrera Magdaleno, fundadora del colectivo, y quien lleva dos semanas en cama debido a su estado de salud, transformó su dolor en una causa nacional.
“Una parte de su corazón deja de buscar de manera directa a mis hermanos y se dedica a buscar a todos los desaparecidos del país”, relató.
Respecto a su labor, dijo que “ha sido muy difícil. Es una vida muy compleja. Yo no sé qué es más enfermo, si luchar solo, luchar contra un dinosaurio, un fenómeno, una figura, un monstruo, solo, o de repente caminar con compañeros que no son tan compañeros y que de repente lo que esperan es político, una figura de izquierda o de derecha y que hoy por decisión propia, ya son parte del sistema”.
El activista aseguró que la lucha de las familias no sólo busca encontrar a sus desaparecidos, sino evitar que nuevas generaciones enfrenten la misma violencia.
“Necesitamos vernos como seres humanos para poder dejar un país diferente a nuestros hijos”, concluyó.
