Difícilmente se puede estar en contra de las razones que esgrime el sindicato del Metro para justificar el paro parcial de labores que afecta a millones de mexicanos diariamente.

En efecto, como ha denunciado el sindicato, la mayoría de los trenes en servicio presentan fallas por falta de mantenimiento y falta de refacciones, al grado que los trabajadores tienen que hacer “canibalismo’’, es decir, deshuesar a un vagón o convoy para rescatar refacciones para otros.

Es evidente la falta de mantenimiento a las estaciones como lo pueden testificar las fallas constantes en vías y trenes; la mayoría de las estaciones lucen viejas y sin los servicios básicos, como las indispensables escaleras eléctricas para personas discapacitadas.

Y de los elevadores, mejor ni hablar.

Pero el sindicato no puede omitir la parte de la responsabilidad que le corresponde en este desastre.

Comenzando por su dirigente, Fernando Espino Arévalo, que lleva 40 años al frente de la organización.

En 4 décadas, es imposible que el líder sindical y sus funcionarios no hayan advertido el desastre que se avecinaba.

Espino asegura que ellos no administran el presupuesto del Metro, pero sí tienen una incidencia directa en la forma en la que se distribuye.

La otra parte en el conflicto es el gobierno de la capital, que no ha encontrado la forma de resolver una problemática cada vez más compleja y cara.

¿Por qué, aún cuando desde el 2024 se ha incrementado dos mil millones de pesos al año el presupuesto del Metro cada vez son mayores sus carencias?

Del 2021 al 2023, el presupuesto anual del Metro fue, en promedio, de 18,000 millones de pesos; para el 2024, el presupuesto aumentó a 21,000 millones de pesos; en el 2025 fue de 23,000 millones y para este año será de 25,000 millones, el más alto de su historia.

Si bien se puede cuestionar la administración de los recursos y la ausencia de una estrategia para rescatar a este sistema de transporte, el peso del subsidio tampoco da mucho margen para maniobrar.

Viajar en el Metro cuesta 5 pesos, cuando el valor real de cada viaje se calcula entre 13 y 18 pesos, dependiendo de la distancia.

El gobierno de la capital subsidia entre 60 y el 70% de cada viaje; este año, destinará 19,000 millones de pesos de subsidio.

Una solución sería incrementar el precio del viaje a 8 o 10 pesos, pero más que económica es una decisión política que tendría amplias repercusiones negativas para el gobierno capitalino y el federal.

El Metro genera sus propios ingresos con el cobro de rentas de los locales en sus instalaciones, entre otros, pero son absolutamente insuficientes.

La premisa es sencilla: o el gobierno de la ciudad duplica el subsidio, es decir, aumenta al doble el presupuesto del Metro para el próximo año o se decide a incrementar el precio del viaje con las consecuencias políticas que eso conlleva.

La segunda opción no ocurrirá, sobre todo en la antesala de una elección federal en la que se juega el control político de la capital.

Pero tampoco hay dinero en las arcas para atender todos los problemas denunciados por el sindicato.

Así que Clara Brugada y Adrián Rubalcava deberán elegir entre garantizar, al precio que sea, la seguridad en el transporte colectivo más importante del país o arriesgarse a que ocurra una tragedia que nadie desea.

No se ve la luz al final del andén.

 

     @adriantrejo