Durante 14 días permaneció atrapado bajo tierra. Sin comida, bebiendo agua contaminada y rodeado de oscuridad. Contra todo pronóstico, un minero fue localizado con vida en la mina Santa Fe, en El Rosarito, en Sinaloa, gracias a un operativo de alto riesgo en el que participó el equipo USAR Jalisco.
La misión, que se convirtió en noticia nacional, implicó el despliegue de 38 rescatistas de esa entidad, dos binomios caninos y más de 15 toneladas de equipo especializado.
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Durante 11 días, el grupo trabajó en condiciones extremas: temperaturas elevadas, lodo, riesgo de colapso y atmósferas tóxicas al interior de la mina.
El hallazgo ocurrió en el séptimo día de operaciones, relató el primer comandante regional de Protección Civil Jalisco y líder del equipo USAR, José Manuel Martínez Murillo. “Pudimos localizar a esta persona, este minero, a una profundidad de 300 metros, a más de dos kilómetros de la entrada”.
El hombre, identificado como Francisco Zapata, se encontraba en una burbuja de aire dentro de una galería inundada. Había sobrevivido 13 días en esas condiciones, pero sacarlo con vida sería el reto más complejo.
La única forma de rescatarlo implicaba atravesar zonas inundadas y contaminadas, con visibilidad nula y riesgo constante de perderse en los túneles. “Entonces, toma de decisiones: ahorita vamos a enseñarlo a bucear(…) al siguiente día, sepa bucear o no, hay que sacarlo”, explicó el comandante.
El tiempo jugaba en contra. La atmósfera se deterioraba por la presencia de gases generados por otro cuerpo en descomposición, lo que aumentaba el riesgo de que el minero no sobreviviera más tiempo.
Antes de la extracción, el equipo logró estabilizarlo con hidratación, sueros y alimento. “Se encontraba en un estado de deshidratación(…) no ingirió alimento y el agua que tomó era contaminada”, detalló Martínez Murillo.
La operación no sólo puso en riesgo al obrero. Cada ingreso al yacimiento representó una amenaza también para los rescatistas. “Hicimos 14 entradas a la mina(…) siempre hubo condiciones inseguras”, afirmó.
Dificultades del lugar
El equipo avanzó por un camino improvisado de apenas 80 centímetros de ancho durante más de dos kilómetros, entre lodo y estructuras inestables. En algunos tramos, debían avanzar agachados o en cuclillas, monitoreaban en todo momento el oxígeno y el riesgo de colapsos.
Pero el momento en que lograron traer al minero a la superficie cambió todo. “Es una alegría, una felicidad(…) nos dio la energía, mi gente ya cansada, de continuar. La esperanza siempre estuvo ahí”, expresó.
Para el comandante, la experiencia dejó una lección clara: incluso en condiciones límite, la probabilidad de vida existe. “Cuando hay condiciones vitales, hay esperanza, siempre habrá posibilidades de vida”.
Pese al reconocimiento público, Martínez Murillo rechaza el calificativo de héroe. Su prioridad, asegura, siempre fue otra. “Si salimos 38, mi preocupación era que tenía que regresarlos a su casa(…) todos tienen familia”, dijo.
Tras el derrumbe, Francisco Zapata se resguardó en una burbuja de aire y racionó el agua potable con que contaba. Al consumirla toda, sobrevivió gracias a que se humedecía los labios con el líquido de la mina.
