Un general del Ejército del Aire se desvanece de su casa en Nuevo México sin teléfono ni lentes, pero con un revólver. Una ingeniera aeroespacial de la NASA ondea la mano a su compañero de caminata en un bosque de Los Ángeles y nunca vuelve a aparecer. Un físico del MIT es asesinado en su domicilio.
En los últimos tres años, al menos 10 personas con vínculos en programas nucleares, aeroespaciales o de defensa de Estados Unidos han muerto o desaparecido. Nadie ha probado que los casos estén relacionados, pero el FBI los investiga, el Congreso celebra audiencias y Donald Trump los llama "bastante serio".
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La serie de casos, documentada con detalle por medios estadounidenses, ha llamado la atención en el país porque ninguno de los hechos aislados parece extraordinario, pero el conjunto desafía la lógica estadística para quienes los señalan. Hay vínculos comunes: el Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA, el Laboratorio Nacional de Los Álamos y accesos a materiales clasificados. Esos nexos son suficientes para que la especulación en línea —y parte del Congreso— vean un patrón donde las autoridades, de momento, solo constatan coincidencias.
La teoría más difundida apunta a una operación de inteligencia extranjera orientada a desmantelar silenciosamente el capital humano de los programas de armas y espacio de Estados Unidos. Pero hay versiones más exóticas: en foros conspiracionistas y en canales de YouTube con millones de seguidores, el caso del general William "Neil" McCasland —desaparecido el 27 de febrero de 2026— se convirtió en combustible para quienes sostienen que los afectados habrían tenido acceso a información sobre fenómenos aéreos no identificados.
La propia esposa de McCasland se vio obligada a publicar un desmentido en Facebook donde dijo que "no tiene ningún conocimiento privilegiado sobre alienígenas". La comunidad ufológica estadounidense, sin embargo, no lo descartó.
Los expertos en psicología social piden cautela antes de que la investigación arroje resultados. La profesora Jen Golbeck, de la Universidad de Maryland y especialista en teorías conspirativas, explicó a The Associated Press que "cualquier año se puede tomar un conjunto de científicos fallecidos o desaparecidos y presentarlo como algo siniestro, si esa es la intención". Este fenómeno tiene nombre clínico: apofenia, la tendencia cognitiva a percibir vínculos significativos en eventos sin relación comprobada.
Entre los fallecidos constan Nuno Loureiro, físico del MIT especializado en fusión nuclear, asesinado en diciembre de 2025, y Carl Grillmair, astrofísico del Caltech, muerto en febrero de 2026. Ambos tienen autor identificado y detenido. Melissa Casias, incluida en todas las listas como "científica de Los Álamos", era en realidad asistente administrativa, según verificó Snopes.
La respuesta del gobierno llegó este mes. El FBI declaró que "lidera el esfuerzo para buscar conexiones", en coordinación con los Departamentos de Energía y de Guerra. El Comité de Supervisión de la Cámara de Representantes exigió informes a la NASA y al Pentágono. La NASA respondió que "nada relacionado con la agencia apunta a una amenaza de seguridad nacional". El representante demócrata James Walkinshaw explicó que "Estados Unidos tiene miles de expertos nucleares. No es el tipo de programa que un adversario extranjero podría debilitar eliminando a diez personas".
