Ya se ha dado la instrucción desde Palacio Nacional para que los operadores legislativos de Morena impulsen lo que desde el principio era obvio, un aplazamiento del plan original que reconoce implícitamente el fracaso rotundo de la reforma al Poder Judicial de la Federación.

No es lo mismo ser borracho que cantinero, se dice en la jerga popular y un ejemplo evidente lo experimentan quienes con saña exigieron “limpiar” la institución y ahora desde adentro observan el caos del desmantelamiento con la llegada de ignorantes e improvisados juzgadores del bienestar. Siempre la intención de fondo fue dar un golpe de Estado contra el sistema de impartición de justicia autónomo que tantas decisiones adversas propinó al régimen autoritario de Andrés Manuel López Obrador y que ahora preserva Claudia Sheinbaum.

Ahora toca hacer un diagnóstico del tiradero y se advierte que ir por otra elección judicial en 2027 para sacar a los pocos juzgadores de carrera que sobreviven a la venganza, significaría profundizar una crisis irreversible.

El saldo es desolador, la Corte que han dejado al país es motivo de vergüenza nacional. Si hablamos de juzgados y tribunales federales, el resultado del reformón es aún más drástico porque las víctimas reales son los ciudadanos que sufren las consecuencias del fracasado plan original. La libertad, derechos esenciales, patrimonio, seguridad jurídica, certidumbre y desarrollo económico se encuentran comprometidos con juzgadores alcornoques que desconocen la naturaleza de su función y además exhiben con soberbia la convalidación del golpe.

Aceptar un cargo de acordeón para el que no se está ni lejanamente preparado también es corrupción, ¿o no?

Por otro lado, quienes sobrevivieron a la tómbola sufren la permanente amenaza de sanciones si se niegan a aceptar las recomendaciones del alto mando del Órgano de Administración Judicial, que ha recrudecido su injerencia para controlar a quienes muestren indicios de sana rebeldía basada en la independencia de criterio que ahora es satanizada.

¿Por qué me atrevo a asegurar que la elección planteada en el 27 será aplazada? Desde adentro ya no se dan abasto para tapar los boquetes que dejó la reforma y ahora experimentan el caos. Cuando el alfil legislativo del régimen personificado en Ricardo Monreal sube el tema del aplazamiento a la agenda de futuros legislativos, es porque el agua ya les llegó al cuello. Se habla de un periodo extraordinario de sesiones para sacar varios pendientes, pero en esencia ya hay luz verde para posponer las votaciones de 2027 en las que se elegirían más de 800 juzgadores federales.

La anatomía del desastre nos muestra la multiplicación de órganos que tienen secretarios en funciones de jueces o magistrados, ex oficiales judiciales que resultaron electos para ser titulares en plazas de gran importancia a nivel nacional y son potencialmente incapaces para desempeñar un trabajo de tal relevancia. A muchos se les hizo fácil resultar palomeados para ser incluidos en las boletas electorales y reforzados con acordeones para garantizar su designación, pero en la práctica el experimento les ha hecho pagar con ridículos grotescos semejante audacia.

Otros casos que merecen ser analizados son los de juzgadoras de carrera con una formación, trayectoria y conocimientos sólidos para el desempeño de la función, que por la dignidad mostrada para visibilizar  el atropello, fueron hostilizadas hasta propiciar la decisión de dar paso lateral para evitar humillaciones. Dos casos de decenas más, fueron los de Lilia Mónica López Benitez y María Emilia Molina de la Puente.

Juzgadoras como ellas no se dan en maceta o se improvisan a través de elecciones absurdas. Forjar carreras judiciales de calidad requiere mucha preparación para consolidar méritos, ascender en el escalafón, concursar y desempeñarse con integridad. Ese mecanismo virtuoso fue destruido.

Si miramos a la Corte, los casos son aún más ultrajantes. Se fueron juristas como Javier Laynez, Norma Piña, Alfredo Gutierrez Ortiz Mena, Margarita Ríos Farjat, Juan Luis González Alcántara Carrancá y Jorge Mario Pardo Rebolledo para dar paso con palomeo presidencial a Lenia Batres, el ministro Chicharrón, Estela Ríos, Hugo Aguilar o Sara Irene Herrerías.

No es humor negro, sino tragedia. En las próximas semanas se haría oficial el cambio de año para una nueva votación con acordeones, decía un amigo, si Kafka hubiese sido mexicano, sería considerado costumbrista.

 

EDICTOS

Vaya golpazo de realidad que recibió en días recientes Nestor Vargas, presidente del Órgano de Administración Judicial. Resulta que al realizarse el simulacro de sismo en el edificio de Avenida Revolución 1508, el pasado miércoles 6 de mayo, al encontrarse con centenares de trabajadores en la explanada de ese inmueble, quiso de manera poco reflexiva establecer una condición de acercamiento con quienes han sido víctimas del maltrato institucional de la reforma. Don Nestor felicitó a todos por participar en el simulacro y se aventó la puntada de decir que si hubiera un derrumbe estaba seguro que habría ayuda inmediata de otros trabajadores ubicados en sedes distintas. Los presentes se miraron escépticos e incrementaron su incredulidad cuando le escucharon decir su remate, “en el Poder Judicial todos somos una gran familia”. Tras el comentario, el silencio dominó la incómoda atmósfera e incrementó la indignación de quienes han experimentado reducciones salariales injustificadas y múltiples pisoteos a lo que fueron sus derechos adquiridos. El oso fue del tamaño del repudio que generó la ocurrencia del concepto “familia” que en el contexto actual ya es disfuncional.

 

     @jenroma27