El Doctor Patán vive en la plenitud del amor monógamo, y da gracias a los cielos por esa bendición cada día. Aun así, no soy insensible al gozo ajeno y por lo tanto no deja de emocionarme la turbulencia erótica que distingue a nuestro movimiento. Qué bonito es que haya tanta pulsión vital; tanta cachondería con conciencia de clase; tanto y tanto amor, pues, como dice el son jarocho.

La explicación es evidente: la turbo erotización es inherente a los procesos revolucionarios, que se distinguen por la promiscuidad. Tiene que ser. Las muchas horas de convivencia, por las jornadas extenuantes de trabajo en pro del pueblo bueno, sumadas al hervor de sangre que conlleva luchar por una utopía, ponen querendón y vuelve irresistible a cualquiera, como habrán podido notar en las redes las lectoras, los lectores, desde que esta revolución de las conciencias llegó al poder y los compañeros y compañeras se pusieron a darle, si permiten la expresión, a tope. Con todo. Con la libido en –robo el término a los peritos de Pemex– ignición.

Me adelanto a su pregunta: sí, lo digo por la historia como de concierto de Coldplay del Bienestar que presenciamos en días recientes, y que espero de corazón que acabe bien para todos los compañeros involucrados. Pero hay más que eso. Mucho más. Un día, aquella excompañera tristemente ya fuera del movimiento llena de tuits amorosos al compañero, su esposo, que la llama dulce guerrera, mientras llega –imagino– el momento de un nuevo encuentro en esa alberca fálica al pie del cerro.

Otro día, una compañera anda con un compañero, y al siguiente –es un decir– ya con otro, que tan contento se pone que hasta le agarra la onda paternal. Antes, ya se había filtrado un audio donde un compañero más le habla a su querencia de cómo “anhela hacerle el amor” (ya sé que lo de “hacer el amor” es medio payo, pero quién no tiene un mal momento), a pesar del apego que tiene a su familia.

Si me permiten el atrevimiento, me parece, con todos los respetos, que esta impronta sexosa que distingue al movimiento empieza con su Founding Father, un prodigio de testosterona que, créanme, pone a temblar, se entiende que bonito, aunque también con culpa, hasta a algunas de mis amigas más claramente de derechas, magnetizadas por esas radiaciones hormonales como de semidiós griego, mezcladas con los ardores del trópico indómito.

Disfrútenlo, compañeras, compañeros. La Cuarta será eterna, pero nuestras vidas se van en un pestañeo. Vívanlas. De preferencia, con condón.

 

     @juliopatan09