Las constantes críticas que diariamente hace el líder del PRI, Alejandro Moreno, a Morena, han desestabilizado la narrativa del partido oficial y hasta a la propia presidenta Claudia Sheinbaum.

Moreno ha sido consistente en adjetivar a Morena y a sus dirigentes como narcopartido y narcopolíticos.

Este discurso cobró especial fuerza luego de que se conociera que el gobierno de Estados Unidos imputó cargos por narcotráfico al gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, a quien fuera su secretario de Gobierno y actual senador, Enrique Inzunza y a quienes fueron sus secretarios de Seguridad y de Finanzas, además de otros seis funcionarios y exfuncionarios.

A partir de estos hechos, Moreno apretó más el discurso, lo que tuvo un efecto de carambola:

El PAN, que había lanzado críticas esporádicas (salvo Lilly Téllez que no soltaba esa narrativa), se subió al tren y comenzó a cuestionar abiertamente la eventual relación entre Morena y el narcotráfico.

“Rompa el pacto, Presidenta’’, es ahora la especie de slogan con la que todos los legisladores blanquiazules firman sus declaraciones.

Hay una razón adicional para la campaña panista.

Legisladores y funcionarios panistas acusan una persecución en contra de la gobernadora de Chihuahua María Eugenia Campos, acusada por Morena de haber “violado la soberanía nacional’’ al permitir, presuntamente, la participación de dos agentes de la CIA en un operativo de campo en el que se descubrieron varios narcolaboratorios en la sierra.

En cambio, Rocha Moya, acusado de pactar con Los Chapitos impunidad a cambio de financiamiento para su campaña, no había sido molestado ni con el frágil papel de una citación judicial.

(El fin de semana, Campos fue citada por la FGR a comparecer “como testigo; horas después, se anunció también la comparecencia de Rocha Moya “para una entrevista’’, es decir, ni siquiera una declaración formal).

Pero quizá el efecto más notorio del discurso antimorenista de Alejandro Moreno, está en el tiempo que la Presidenta le ha dedicado en sus Mañaneras a responderle.

Sheinbaum respondió la semana pasada al menos tres veces a las acusaciones de “narcogobierno’’, “pandilla de narcos’’, “narcopartido’’, que lanzó el priista.

“Nosotros no tenemos pactos con nadie, solo con el pueblo’’, dijo la Presidenta.

Pero el solo hecho de que destine tiempo para responderle directamente al priista, a quien acusó de corrupción, solo demuestra que las palabras de Moreno comienzan a hacer el efecto que hace la gota sobre la piedra.

El sábado mismo la nueva presidenta de Morena le dedicó un comunicado a Moreno, en el mismo sentido; no somos narcos ni pactamos como ustedes lo hicieron.

No le respondieron al PAN, le respondieron al PRI y a su presidente, que logró moverles el tape con sus declaraciones.

Si el PRI está tan reducido como dicen Morena y la Presidenta, ¿qué caso tiene subirse al ring con un rival de una categoría muy menor?

Quizá porque el rival, al final de cuentas, no es tan chiquito como piensan.

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Por cierto, la presidenta Claudia Sheinbaum anunció que el próximo domingo 31 de mayo realizará un informe de rendición de cuentas.

Sheinbaum dijo que el 2 de junio se cumplen dos años de su victoria electoral y que platicando con compañeros y compañeras “decidí que voy a hacer un informe el domingo 31 de mayo, pero en vez de que todos vayamos a la ciudad, en cada plaza de las 32 entidades de la República vamos a conectarnos para que se escuche el informe. Se llama rendición de cuentas’’.

Los temas serán soberanía, el segundo piso de la transformación, y la marcha general del país.

 

     @adriantrejo