El proyecto de aviación militar más ambicioso de Europa ha llegado a un abrupto final. Esto reveló las limitaciones de la integración continental en materia de defensa justo cuando la Casa Blanca, y la realidad misma, instan a los europeos a asumir una mayor responsabilidad en su propia seguridad.
Francia y Alemania han acordado abandonar el avión de combate que constituía la espina dorsal del Sistema Aéreo de Combate del Futuro (FCAS), un programa más amplio iniciado en 2017 por el presidente Emmanuel Macron y la excanciller Angela Merkel para reemplazar las flotas de cazas Rafale y Eurofighter hacia 2040.
El fracaso se produce tras años de disputas entre la francesa Dassault Aviation y Airbus, que representaba los intereses alemanes. y el canciller alemán Friedrich Merz. La división se acentuó a medida que París impulsaba un avión que pudiera operar desde portaaviones y con capacidad nuclear, mientras que Berlín cuestionaba la necesidad estratégica de ambas características.
El fracaso llega en un momento delicado. La guerra de Rusia contra Ucrania ha entrado en su quinto año, mientras que la incertidumbre en torno al compromiso a largo plazo de Washington con la seguridad europea ha intensificado los llamados a una mayor autonomía militar.
El FCAS se había convertido en un símbolo de esa ambición. En cambio, ahora sirve como recordatorio de la complejidad que siguen teniendo los programas de defensa multinacionales, incluso entre las potencias europeas.
Berlín y París aseguran que la cooperación no desaparecerá por completo. Aunque abandonaron el desarrollo del nuevo avión, aún podrían seguir trabajando juntos en la llamada "Nube de Combate", un sistema digital diseñado para conectar aviones, drones, satélites y sensores para que compartan información en tiempo real durante operaciones militares.
Sin embargo, la cancelación del caza —la pieza central del proyecto— es un golpe importante para la visión de Macron de construir una Europa más autónoma en materia de defensa y menos dependiente de Estados Unidos.
El fin del FCAS ya está provocando una búsqueda de alternativas. Empresas respaldadas por Airbus han presentado una nueva propuesta a Berlín, mientras que observadores de la industria señalan posibles asociaciones con Suecia o con el programa de aviones de combate británico-italiano-japonés.
