Por enésima ocasión, el camino hacia la renovación del T-MEC (el acuerdo comercial regional más poderoso del planeta, valuado en 1.3 billones de dólares al año) se vuelve a empantanar.
Donald Trump, presidente de Estados Unidos, consideró el miércoles pasado durante una reunión sostenida con su primer círculo de colaboradores en el Despacho Oval de la Casa Blanca, que su país no está recibiendo el trato que merece por parte de sus dos principales socios hemisféricos, Canadá y México.
Además, dice no sentirse nada conforme por el hecho de que este acuerdo deja exento de aranceles una larguísima lista de productos comercializados entre las naciones involucradas, sobre todo de la industria automotriz.
Y las palabras de Trump al respecto son tajantes: “No necesitamos nada de ellos(…) ni de México ni de Canadá”.
Leyendo entrelíneas el mensaje del mandatario estadounidense, está claro que sigue inconforme y molesto con México. Y varios son los motivos. Sin embargo, el principal es por todos conocido: el ingreso de drogas mexicanas a territorio estadounidense.
De ahí el reciente anuncio que hizo en torno a que su administración arrancará en breve operaciones antidrogas por vía terrestre a lo largo de la frontera México-Estados Unidos, esto después del éxito obtenido durante 2025 en operativos marítimos para incautar fentanilo.
Simultáneamente, la administración Trump ha intensificado su presión sobre el Gobierno de México para fortalecer sus acciones contra grupos dedicados al narcotráfico, particularmente aquellas organizaciones señaladas por introducir fentanilo y otros enervantes a territorio estadounidense.
Por lo tanto, el panorama luce complejo y difícil para México de aquí al 1 de julio próximo. Aunque en Canadá, la verdad es que también se están comiendo las uñas, porque ponerle fin al T-MEC daría comienzo a un agudo período de inestabilidad económica en las naciones afectadas. Así las cosas, lo que más nos conviene es que todas las partes involucradas se arreglen antes de la fecha mencionada, porque de ser así se prorrogaría en automático por 16 años más.
En ese contexto, cabe destacar que el 1 de junio pasado, la Secretaría de Economía de México envió un documento oficial al representante comercial de EU, Jamieson Greer y al ministro canadiense Dominic LeBlanc para informarles sobre la posición de nuestro país de cara a la primera revisión conjunta del T-MEC.
Sin embargo, todo el meollo de esta nueva controversia desatada por Trump radica en el hecho de que el pelirrojo no quiere una simple renovación automática del tratado. Lo que en realidad pretende es implementar modificaciones importantes, especialmente en sectores como el automotriz y el acceso al mercado lácteo y maderero de Canadá.
Y en pleno auge futbolero por la Copa Mundial FIFA 2026 más nos vale no descuidarnos con cualquier movimiento que haga el neoyorquino. Sobre todo ahora que ya sabemos lo que se trae entre manos.
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