Héctor Zagal, columnista.
Especial

Héctor Zagal

@hzagal

(profesor de la Facultad de Filosofía de la Universidad Panamericana)

Este Mundial está lleno de innovaciones. Una de ellas son las pausas de hidratación. Según me cuentan, parecen más bien cortes comerciales: se detiene el partido para respirar, mojarse la cabeza, fingir escuchar las instrucciones del técnico y, por supuesto, hidratarse. México, por su parte, parece haber entrado en una pausa de hidratación política. Los problemas no se han ido a ninguna parte, pero todos parecemos concentrados en el Pato Merlín y el quinto partido que comienza a parecer posible.

No digo que esté mal. Al contrario. Un país quizá también necesita descansar de sí mismo. No todo puede ser deuda, violencia, tratado de libre comercio, aduanas, narcopolítica, huachicol. Un pato con jersey de la selección puede servir como recordatorio de que la realidad mexicana todavía conserva una capacidad inagotable para el absurdo simpático.  

Mientras celebramos y reímos con el pato, el reloj del partido político sigue corriendo. El juego de poder no se ha detenido. Pemex continúa con una situación financiera delicada, con deuda, vencimientos y dependencia del apoyo gubernamental. El huachicol fiscal sigue exhibiendo la corrupción y el crimen organizado se enseñorea, dicen algunios, en algunas aduanas. La revisión del T-MEC avanza tambaleante sobre una cada vez más áspera relación con los Estados Unidos. Mientras todo esto ocurre, en Palacio Nacional se esmeran por administrar una narrativa soberanista frente a Washington.

El riesgo de esta pausa de hidratación política es perder el pulso de la situación nacional. El jueves pasado un colega, analista político, me espetó una brutalidad: deseaba que eliminaran pronto a México para que volviéramos a la realidad. No comparto su perspectiva. Las alegrías hay que gozarlas. Y, sin embargo, algo de razón tiene. El torneo puede ser anestesia.

Ese mismo amigo me advirtió que esta pausa puede aprovecharse para mover el tablero político sin llamar tanto la atención. La fiebre del futbol perfectamente puede servir para ocultar medidas cuestionables, reformas sin discusión suficiente, nombramientos en organismos clave. Habrá que estar atentos. Incluso, y por darle la vuelta a su observación, este mes representa una excelente oportunidad para corregir una ruta, mandar señales de seriedad económica o ajustar con prudencia su estrategia frente a Estados Unidos. La menos presión permite maniobrabilidad, pero temo que es poco probable que pase.

Así, ojalá que esta pausa de hidratación política sirva para respirar, no para dormirnos. Ojalá que aunque la temperatura política baje, no se apaguen las alarmas. Ojalá que este mes se utilice para ordenar y no para ocultar. Ojalá. Porque tarde o temprano se reanuda el juego de la vida nacional y en cuando el árbitro silbe de nuevo, el Pato Merlín se desvanecerá, pero Pemex seguirá ahí, el huachicol seguirá ahí, Estados Unidos seguirá ahí. La hidratación ayuda, pero ningún partido se gana solo tomando agua.

Profesor de la Facultad de Filosofía en la Universidad Panamericana