Gobiernos van, gobiernos vienen, y la historia es siempre la misma. Se repite. Se recicla. Y no importa quién esté en el poder. Priistas, panistas, morenistas… La Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) tiene maestría y doctorado para mangonear, para chantajear y para extorsionar a todos por igual.
Y aunque ellos se asuman como docentes, la realidad es que esta pandilla de porros está más emparentada con un brazo político que se vende al mejor postor que con un grupo de profesores preocupados por la educación de las niñas y los niños mexicanos.
Y así ha sido desde que irrumpieron en el ecosistema nacional en 1979. Surgieron en Chiapas como contrapeso al cacicazgo sindical de Carlos Jonguitud Barrios y Vanguardia Revolucionaria.
Supuestamente buscaban democratizar el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) y mejorar las condiciones laborales en zonas de alta marginación.
Pero la CNTE no se convirtió en el cáncer producto de la generación espontánea. Nada de eso. Sus tentáculos y cabezas, principalmente en entidades como Chiapas, Guerrero, Oaxaca, Veracruz y Michoacán, han crecido y se han multiplicado con la complicidad de varios políticos pertenecientes a todos los partidos políticos y como botón de muestra inmediato sólo tenemos que remontarnos al sexenio de Andrés López Obrador (2018-2024) en la presidencia de la República.
El tabasqueño empoderó tanto a esta plaga que les llenó los bolsillos de dinero e incluso les obsequió posiciones en el Congreso de la Unión.
¿Por qué lo hizo? Fácil. Por lo mismo que sus antecesores también decidieron sentarlos a la mesa: por votos… miles de miles de votos.
Asimismo, los titulares de la secretarías de Educación Pública (SEP) y de Gobernación (Segob), a lo largo de estos años, también son corresponsables de alimentar a este animal voraz, pues en lugar de ponerles freno inexplicablemente han preferido jugar el triste rol de títeres-peleles, pues permiten y consienten que la CNTE tome las calles de todo el país para que destruyan todo a su paso. Y con el pretexto de exigir más plazas, pensiones y aumentos salariales la CNTE se ha dedicado sistemáticamente a usufructuar el caos para obtener canonjias y privilegios… y todo sin meterse a un aula para dar clases.
Y el daño que le ha causado al país ha sido gigantesco. Inconmensurable. A grado tal que entre 2012 y 2019 la CNTE realizó mil 178 protestas (marchas, mítines, bloqueos, plantones…) sólo en la Ciudad de México. Imagínense si pudiéramos contabilizar las manifestaciones que han hecho en otras entidades del país, sobre todo en Oaxaca, Chiapas, Guerrero y Michoacán, que es donde tiene a sus principales contingentes.
La peor parte de esta historia es que, por culpa de estos zánganos, hay un poco más de un millón de niñas y niños “secuestrados” por los caprichos de estos mercenarios, pues todos los días viven con la incertidumbre de no saber si van a poder entrar a sus escuelas para poder tomar clases.
¡No se vale!
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