La pasión por el futbol de los capitalinos hizo historia igual que la selección mexicana al ganar por primera vez todos sus partidos de la fase de grupos en un mundial, pues ni una lluvia detuvo el furor.
La tarde lucía agradable y en medio de baños de espuma, batucadas y aficionados "volando" gracias a trampolines humanos, los aficionados al futbol, que lucían como un mar verde con sus jerseys, se estacionaron en Reforma para ver y vivir el tercer partido del tricolor en la Copa del Mundo 2026.
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Con una racha ganadora frente a Sudáfrica y Corea del Sur, el primer tiempo transcurrió con pocas llegadas claras, pero mucha ilusión por ver un triunfo más del combinado nacional.
Y aunque para muchos parecía lógico el resultado, el primero en manifestar el festejo fue Tlaloc, que en el entretiempo y sin llovizna introductorua desató una tormenta sobre miles de espectadores.
Entre paraguas que estorbaban a la vista y que generaban fricciones en la muchedumbre, en las pantallas Mateo Chávez logró agarrar mal parados a los checos y rompió el cero en el marcador.
Espuma, lluvia y gritos de gol introdujeron el Cielito Lindo frente al Angel y por supuesto, los abrazos entre desconocidos y saltos sellaron el primer tanto.
El polémico grito llamado "homofóbico" y cancelado en los estadios, no estaba penado en Reforma y se escuchó muchas veces, algunas más por mostrar la falta de reglas y el altivo furor furbolero, que por acompañar el despeje contrario.
Acompañado de unas fuertes ráfagas de viento, cayó el segundo gol nacional, por parte de Julián Quiñones, lo que significó el segundo gol en una copa mundial, por parte del naturalizado mexicano.
La pasión de algunos se aguadó ante los golpes de las gotas y se retiraban empapados de en medio del público y cuando el espíritu de mucho seguía intacto, la mitad de la pantalla principal se apagó, producto de la torrencial tormenta.
Abuches, botellas y demás muestras de desagrado se hicieron presentes, pero mientras unos atendían su enojo, otros corrían a las pantallas aledañas, para ver el desenlace de una victoria ya anunciada.
La presión tricolor aumentó a momentos y así mismo lo hizo la lluvia, pero una pausa para la ovación se dio cuando Memo Ochoa cambió posición con el Tala Rangel, que hasta hoy mantuvo en ceros el arco mexicano, como todo un héroe.
Los esfuerzos de Chequia siguieron llegando y en su afán de mantener el honor intacto, Alvaro Fidalgo puso el tercer y último tanto en el marcador en tiempo de reposición y una lluvia que mojó hasta el tuétano del que no pudo o no quiso atajarla.
Silbatazo final; tres partidos, tres victorias, tres goles y de pronto la atención de la pantalla terminó relevada por un Paseo de la Reforma inundado y mientras los rayos iluminaban el cielo, los pies como canoas buscaban una ruta de salida en los rápidos del suelo capitalino.
Pero aún así, el festejo seguía con bengalas, espuma, mariachis por un lado, batucadas cantando "yo te sigo a todas partes a donde vas. Cada día te quiero más" y otros más, orgullosos de haber burlado la seguridad con las bebidas alcohólicas, que descaradamente se vendían bajo el chaparrón constante.
Esta vez, las estaciones de metrobus se usaron como techo y no como trampolines y de camino al transporte que cerraría hasta la 1 de la mañana, miles de almas buscaban regresar a casa con la victoria en la bolsa y los corazones contentos de ver una racha ganadora de la selección nacional, que parece fuerte en un mundial jugado en casa y que deja anécdotas como no lo hacía desde 1986.
