La Administración para el Control de Drogas de Estados Unidos (DEA) designó al Cártel de Sinaloa y al Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) como sus objetivos prioritarios en el combate al tráfico de fentanilo. Su director, Terry Cole, los calificó como "la prioridad número uno" en un mensaje difundido en redes sociales y retomado por la Embajada de Estados Unidos en México.
Cole afirmó que ambas organizaciones "han destrozado familias, devastado comunidades" y representan un desafío para las autoridades en todos los niveles. Enmarcó la ofensiva en términos de seguridad nacional: "Estamos buscando a los terroristas extranjeros responsables", dijo, en alusión a distribuidores y facilitadores. El encuadre coincide con la decisión del gobierno de Donald Trump de declarar al fentanilo "arma de destrucción masiva", medida que amplió las facultades de las agencias federales.
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El funcionario informó que durante la actual administración se decomisaron 14 mil kilos de fentanilo y 62 millones de pastillas, equivalentes (según cálculos de la agencia) a unas 478 millones de dosis potencialmente letales. Cole, exagente en Colombia, Afganistán y México, presentó la campaña "América libre de fentanilo" como un compromiso de respuesta inmediata: "Vamos a todo gas y sin frenos".
Una operación bajo escrutinio de la DEA
El despliegue contrasta con una investigación que el propio Cole solicitó. El director pidió a la Oficina del Inspector General del Departamento de Justicia revisar una operación que, entre 2023 y 2025, habría permitido la venta masiva de fentanilo en Nuevo México para rastrear cadenas de distribución. La denuncia provino de un agente de la DEA, David M. Howell. Cole sostuvo que esas decisiones operativas "merecen una evaluación objetiva".
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El caso evoca el operativo "Rápido y Furioso" (2006-2011), que permitió el contrabando de armas de Arizona a México sin conocimiento del gobierno mexicano. Aquel escándalo derivó en que el entonces fiscal general, Eric Holder, fuera declarado en desacato por el Congreso en 2012.
