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Durante el cierre de las fiestas en honor a San Pedro Apóstol, el presidente municipal de San Pedro Huamelula, Oaxaca, Daniel Gutiérrez Peña, celebró este martes una boda simbólica con la princesa lagarto.

Con su traje de novia y llevada en brazos, la “niña” recorrió la comunidad antes de encontrarse con el alcalde, entre música de banda, baile y la participación de habitantes que cada 30 de junio renuevan esta antigua costumbre. 

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La ceremonia representa la unión entre dos pueblos. La princesa lagarto encarna a los ikoots o mareños y simboliza a la madre tierra, mientras que el presidente municipal representa al reino chontal.

Mediante este enlace, la comunidad pide lluvias, buenas cosechas, abundancia en la pesca y bienestar para las familias de San Pedro Huamelula

Durante el festejo, el alcalde bailó con la princesa el son Behuaxhiña, también conocido como Huachinango rojo, pieza musical que acompaña representaciones del rapto con fines matrimoniales en comunidades zapotecas de la región. 

Boda no representa ninguna ocurrencia

La boda no la entienden sus habitantes como una ocurrencia o una representación aislada, sino como parte de la memoria comunitaria y de la relación que el pueblo mantiene con la tierra, el agua y los ciclos agrícolas.

El ritual recuerda una alianza entre el pueblo chontal y los ikoots, mediante la cual ambos grupos sellan simbólicamente un pacto de convivencia y prosperidad. 

En la ceremonia confluyen elementos indígenas, religiosos y civiles. La celebración ocurre dentro de las fiestas católicas de San Pedro Apóstol, pero conserva símbolos vinculados con el territorio y las antiguas formas de pedir fertilidad a la naturaleza. 

Por un momento, el presidente municipal deja su función administrativa para convertirse en uno de los personajes centrales de una historia que la comunidad vuelve a contar mediante música, danzas y recorridos.

La princesa lagarto tampoco no la ven únicamente como un animal vestido de novia

Para el pueblo representa a la tierra que alimenta, al agua que permite sembrar y a la abundancia que esperan recibir durante el siguiente ciclo. 

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La ceremonia concluyó entre sones y baile, con la princesa y el alcalde en el centro de una celebración en la que habitantes de San Pedro Huamelula no solo observan la tradición, sino que participan en ella y la transmiten a las nuevas generaciones. 

Con la boda ritual, la comunidad chontal cerró otro año de festejos y renovó su petición de lluvias, cosechas, pesca y prosperidad.