La decisión sobre que el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) sea revisado anualmente durante los próximos diez años brinda una señal de continuidad para el acuerdo comercial, aunque también abre un periodo de incertidumbre que podría influir en las decisiones de inversión y en el comercio agroalimentario de la región, advirtió Juan Carlos Anaya, director general del Grupo Consultor de Mercados Agrícolas (GCMA).
El especialista explicó que la determinación del Gobierno de Estados Unidos de no extender por ahora la vigencia del tratado por otros 16 años no significa su cancelación, ya que el T-MEC permanecerá vigente hasta 2036.
Sin embargo, las revisiones anuales previstas en el Artículo 34.7 obligarán a los tres socios comerciales a mantener un diálogo permanente para resolver diferencias sin poner en riesgo la integración regional.
También te puede interesar: FAO reporta baja en costo de alimentos durante junio
“El T-MEC ha demostrado ser un acuerdo exitoso para productores, consumidores e inversionistas. Las revisiones anuales deben servir para fortalecer la competitividad de Norteamérica, no para crear nuevas barreras comerciales. La prioridad debe ser dar mayor certidumbre a las cadenas agroalimentarias y consolidar a la región como el bloque más competitivo del mundo”, afirmó.
Certidumbre necesaria
El director del GCMA señaló que la certidumbre es un activo estratégico para el sector agroalimentario, ya que la producción de alimentos requiere inversiones de largo plazo en infraestructura, tecnología, sanidad, genética, logística y desarrollo de mercados. En ese contexto, un proceso permanente de revisión puede generar cautela entre productores, empresas e inversionistas.
Anaya destacó que el T-MEC ha permitido consolidar a Norteamérica como el bloque agroalimentario más integrado del mundo. En conjunto, México, Estados Unidos y Canadá concentran más de 500 millones de habitantes, generan cerca del 33% del Producto Interno Bruto mundial y aportan alrededor del 11% de la producción agropecuaria global.
Además, la región registra un índice de autosuficiencia agroalimentaria superior al 112%. En el caso mexicano, recordó que cerca del 85% de las exportaciones agroalimentarias tienen como destino EU y Canadá, mientras que el país depende de su vecino del norte para el suministro de granos, oleaginosas, carne de cerdo, pollo, productos lácteos e insumos estratégicos.
El especialista consideró que la delegación mexicana debería impulsar una agenda propia para eliminar los acuerdos de suspensión aplicables al tomate mexicano, buscar un esquema más equilibrado para el comercio de azúcar y lograr la reapertura total de la frontera para las exportaciones de ganado en pie mediante el principio de regionalización sanitaria previsto en el tratado.
Anaya sostuvo que el objetivo de las revisiones debe ser fortalecer la integración regional y no levantar nuevas barreras comerciales.
“Con los alimentos no se debe jugar. México debe defender el libre comercio, fortalecer la cooperación sanitaria y aduanera y consolidar una política agropecuaria trilateral que permita incrementar la competitividad y la seguridad alimentaria de Norteamérica”, concluyó el especialista.
También te puede interesar: Sheinbaum descarta riesgos por revisión del T-MEC
Tomate el claro ejemplo del reto
El arancel impuesto por Estados Unidos al tomate mexicano se colocó entre los temas prioritarios de la revisión del Tratado entre México, EU y Canadá (T-MEC), debido al impacto que tiene sobre las exportaciones y la rentabilidad de los productores nacionales.
Autoridades mexicanas confirmaron que el asunto forma parte de las conversaciones comerciales con Washington, junto con la comercialización de granos y otros productos agrícolas.
El conflicto surgió tras la suspensión del acuerdo firmado en 2019, lo que permitió a Estados Unidos aplicar aranceles de entre 17% y 21% al tomate mexicano por presuntas prácticas de dumping. El sector busca que la revisión contribuya a reducir las restricciones
