Era el aniversario de la Revolución Francesa, la fecha cumbre del orgullo galo. Sobre la cancha decapitaron la ambición de su equipo. Una partitura colectiva impecable fue su guillotina.

La conmemoración de la toma de la Bastilla del 14 de julio de 1789 prometía ser el marco ideal para la consagración del poderío futbolístico de Francia; sin embargo, el Dallas Stadium atestiguó el desmantelamiento ante una escuadra española cohesionada y dio vigor fundado a una final en la cual Argentina, la más favorecida por la FIFA, pudiera ser derrotada por Inglaterra generando una final de ensueño.

El resultado de hoy en el Mercedes-Benz Stadium de Atlanta coloca el torneo ante un eventual desenlace donde España e Inglaterra —naciones con regímenes monárquicos parlamentarios— transformarían la final de la Copa Mundial de Futbol en sutil contienda por la legitimidad simbólica global en el deporte número uno para la motivación de las identidades nacionales, mientras los académicos llevan 30 años sosteniendo la presunta irrelevancia de esa mitología colectiva llamada “la nación”.

La oferta española fue una lección estratégica basada en la capacidad para disolver individualidades rivales mediante una estructura de apoyo mutuo; desde el portero Unai Simón hasta el goleador Mikel Oyarzabal, donde el talento juvenil de Lamine Yamal quedó supeditado al trabajo conjunto. El cuadro francés apostó su destino al desequilibrio aislado de figuras como Kylian Mbappé o Ousmane Dembélé.

Esa potencial final europea reavivaría pasajes donde las coronas acompañaron momentos cumbre del balompié, como aquel 30 de julio de 1966 cuando la reina Isabel II entregó la Copa del Mundo al capitán de la selección inglesa, Bobby Moore. O el gesto del rey Juan Carlos I al recibir a los campeones de Sudáfrica el 12 de julio de 2010 en el Palacio Real de Madrid.

Un nuevo choque por el trono mundial colocaría al rey Felipe VI —recibido en Palacio Nacional por la presidenta Claudia Sheinbaum en víspera del partido de España contra Uruguay, en un marco de hospitalidad respaldado por la jefa de Gobierno de la CDMX, Clara Brugada, con espacios públicos de convivencia internacional— y al rey Carlos III en la antesala de recepciones similares.

Emparejadas las escuadras de Madrid y Londres, se ofrece una alternativa atractiva para disipar el escepticismo frente al controversial arbitraje y posicionamiento de la FIFA respecto al equipo argentino, centrando la discusión exclusivamente en los méritos deportivos acumulados a ras de pasto.

Messi sale. Nueva generación inglesa entra. O no. La caída de una Bastilla futbolística puede ser preludio para el renacimiento de otras coronas. La semifinal en Atlanta determinará si el campeonato se decanta por la continuidad del reinado o un sofisticado duelo de monarquías.

 

    @guerrerochipres