La estrategia geopolítica de Estados Unidos siempre se ha basado en el modelo de crear sus propios demonios, introducirlos como dragones lanzando el fuego y luego crear a los caballeros que los dominan.
La Guerra Fría 1.0 corrió del levantamiento del Muro de Berlín en 1961 que dividió a Europa entre el Occidente capitalista y el este comunista y terminó en 1989-1991 por la derrota ideológica y militar del comunismo soviético y la consolidación del capitalismo.
La semana pasada, el presidente Donald Trump estableció con claridad el regreso a un modelo de Guerra Fría 2.0, aunque con sus asegunes: el capitalismo sigue siendo el mismo que se sostiene por la fuerza militar-nuclear de EU, pero el comunismo ya no existe, el socialismo nunca se prefiguró como modelo económico-político y Rusia y China son capitalismos de Estado.
El planeta quedó atrapado en una guerra capitalismo-capitalismo, con el viejo capitalismo estadounidense ya conocido de un lado y del otro el nuevo capitalismo de Estado de los países comunistas que construyeron una economía pública dominante y no permitieron a un sector privado actuante.
Inclusive, la terminología también se ha modificado. El uso de la palabra ultraizquierda por parte del secretario Marco Rubio no provocó pánico internacional por lo que pudiera significar, sino preocupación porque la guerra fría fue la que oficializó la teoría de los dos demonios: el demonio comunista justificó la existencia del demonio capitalista y el demonio capitalista explicó el surgimiento del demonio comunista.
Pero las sociedades quedaron jaloneadas por una terminología no del miedo, sino de las justificaciones. EU se consolida como el centro del capitalismo especulativo, y Rusia y China son capitalismos de Estado burocratizado.
Así que la Guerra Fría 2.0 es otra vez el petate del muerto.
Zona Zero
- Dicen por ahí -y cualquiera puede citar sus propias fuentes de inteligencia- que después del futbol viene la cruda realidad y Estados Unidos comenzará a dar pasos decisivos contra los sectores políticos y gubernamentales mexicanos que se encuentran detrás de la existencia de los cárteles del narcotráfico. No se trata de caer en la parafernalia de la Casa Blanca, sino hay que revisar la argumentación social que desde 1988 -con el asesinato del columnista Manuel Buendía- las bandas vinculadas al narco han tenido alianzas y protecciones institucionales para llegar a tener el poder para controlar zonas territoriales de la soberanía del Estado mexicano.
(*) Centro de Estudios Económicos, Políticos y de Seguridad.
@carlosramirezh
