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Andrés Carvajal se quitó el guante, untó comida para gatos en su brazo y esperó.

El animal, un felino negro y debilitado refugiado en la planta baja del edificio OPP 26, en un complejo residencial de La Guaira hecho añicos, se acercó poco a poco y comió con desesperación.

"No quería quedarme con esa derrota", contó este universitario de 21 años, que entregó al sobreviviente a un campamento donde veterinarios voluntarios montan guardia.

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El rescate ocurrió el sábado, a 25 días de los terremotos de magnitud 7.2 y 7.5 que el 24 de junio devastaron el norte de Venezuela, y fue celebrado como "un rayo de esperanza" por brigadas que ya no buscan sobrevivientes, sino cuerpos.

El balance oficial llegó a 5 mil 208 muertos.

Es imposible saber si el gato quedó atrapado desde los temblores o se refugió después. Lo que la escena sí mostró es quién sostiene las labores.

Carvajal integra Pico y Pala UCV, asociación fundada por estudiantes de la Universidad Central de Venezuela para buscar a una compañera que vivía en el colapsado edificio Rita, en Caracas.

Gato salvador

"Estuvimos diez días buscando. No lo conseguimos. Nos trasladamos a hacer todo lo posible aquí", explicó el joven, que lleva en el casco el lema "memento mori" y un apodo, "el gato", ganado en primaria por sus ojos claros.

"El gato salvó al gato", bromean sus compañeros. Mientras voluntarios civiles remueven el concreto, las autoridades evitan pronunciarse sobre los desaparecidos.

La ONU estimó, al día siguiente de los sismos, que podían llegar a 50 mil; otras proyecciones plantean unos 10 mil.

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El felino recibió hidratación y una limpieza del pelaje antes de partir a un refugio.

"Es imposible no sentir empatía por cualquiera de las vidas que estén aquí", reflexionó Carvajal. Entre las ruinas todavía hay vida, y son manos voluntarias las que salen a buscarla