El copresidente de Nicaragua, Daniel Ortega, dio el paso discursivo más contundente desde su regreso al poder en 2007 al afirmar que en Nicaragua "no volverán a haber elecciones" para impedir que la oposición alcance el gobierno, una declaración que apunta a dejar de presentar los comicios como una vía de alternancia política y que refuerza la concentración de poder construida en los últimos años.
Durante la conmemoración del 47 aniversario de la Revolución Sandinista, el mandatario, de 80 años, sostuvo que promoverá nuevas leyes para cerrar el paso a los grupos opositores, a quienes acusó de conspirar con apoyo de Estados Unidos. También anunció que trabajará con la Asamblea Nacional para levantar "un muro" contra quienes calificó de "golpistas" y "vendepatrias".
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Declaraciones de Daniel Ortega representan un cambio respecto a la estrategia
Aunque Nicaragua ya enfrentaba fuertes cuestionamientos por la falta de competencia política, las declaraciones representan un cambio respecto a la estrategia seguida durante años, en la que el oficialismo mantuvo procesos electorales ampliamente criticados por organismos internacionales y gobiernos extranjeros. Ahora, Ortega plantea públicamente prescindir incluso de ese mecanismo como vía para la sucesión política.
El giro ocurre después de la reforma constitucional que entró en vigor en 2025, la cual amplió de cinco a seis años el mandato presidencial, convirtió a Rosario Murillo en copresidenta y fortaleció el control del Ejecutivo sobre las instituciones del Estado.
La crisis política nicaragüense se profundizó tras las protestas de 2018, cuya represión dejó más de 300 muertos, de acuerdo con la ONU. Desde entonces, decenas de dirigentes opositores quedaron encarcelados o enviados al exilio, mientras periodistas, religiosos y organizaciones civiles enfrentaron cierres, confiscaciones o pérdida de su personalidad jurídica.
Las elecciones de 2021 ya habían estado ampliamente cuestionadas por la detención de aspirantes presidenciales y la ausencia de condiciones de competencia. Sin embargo, el mensaje de Daniel Ortega supone una nueva escalada al plantear que la continuidad del régimen ya no dependerá siquiera de mantener la expectativa de futuras elecciones competitivas.
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A escala global, el contexto también refleja un deterioro democrático: 54 países registraron retrocesos en derechos políticos y libertades civiles durante 2025, el vigésimo año consecutivo de declive de la libertad en el mundo, según Freedom House.
