Desde la llegada de Rosario Piedra Ibarra a la presidencia de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, el organismo se ha transformado en un escudo para las instituciones, contrario al principio que dio origen a estos organismos en el mundo.

En las últimas semanas la CNDH ha dedicado más tiempo a defender su ya casi nula “reputación” que a atender el reclamo de las víctimas de la indolencia y abuso de autoridades, en lo que parece ser, más que una crisis de credibilidad el derrumbe de su legitimidad.

Sobre la muerte de la niña Dafne en un colegio militarizado se pronunció una semana después, cuando la sociedad se había volcado a reclamar la lenta respuesta a las exigencias de justicia de su madre. Sobre los periodistas asesinados en Veracruz o Oaxaca, parece mantener esa postura de 2019, cuando se le preguntó por estos homicidios y ella respondió: “¿han asesinado periodistas?”.

El lo que se refiere a las madres y familiares de personas desaparecidas ha sido nulo, además de que se ha dado la espalda a los migrantes que atraviesan en el país. El comunicado de ayer enredándose para decir que su recomendación sobre el caso Ayotzinapa no era como todos lo entendieron, ha recibido más atención y texto que cualquiera de los temas mencionados.

En México las víctimas están solas. Mediante sus omisiones y en algunos casos con sus posturas la CNDH ha funcionado como un escudo o tapadera de las violaciones de derechos humanos de dependencias del actual gobierno.

La reciente controversia sobre la postura de la CNDH frente al caso Ayotzinapa alcanzó su punto más crítico cuando, ante la ola de indignación por deslindar a la Sedena de la desaparición de los 43 normalistas, Rosario Piedra Ibarra salió a atajar la crítica con un argumento desgastado y enredado, en el sentido de que “no se exoneró al Ejército” sino que no se le mencionó en esta última recomendación porque ya se había señalado antes.

Salir a aclarar que “no dijeron lo que todos entendieron que dijeron” es la técnica clásica del control de daños cuando la reacción pública desborda la previsión oficial. Pero el problema no es semántico, es de fondo.

Al sostener que no hay elementos para responsabilizar a la cadena de mando militar, la CNDH ignora intencionalmente lo que el GIEI, el Centro Prodh y diversas decisiones judiciales han documentado: monitoreo en tiempo real por parte del Ejército, inconsistencias procesales y una sistemática opacidad en la entrega de expedientes clave.

 

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La grilla sube de todo en Edomex

En el estado de México están atentos a la consolidación en el Senado, de Higinio Martínez, quien se levantó de la lona después de que sus pupilos Horacio Duarte y Delfina Gómez, llegaron al Gobierno del Estado de México. Por el contrario, las constantes menciones del secretario general de Gobierno en análisis y supuestas filtraciones sobre el huachicol en Estados Unidos han puesto nervioso a algunos funcionarios cercanos a él.

 

    @chimalhuacano