En 2021 se estrenó la película titulada “Nuevo Orden”, pero al parecer hasta ahora ha comenzado a entenderse su advertencia: la inseguridad está invadiendo el territorio de los ricos.
La película mostró que afuera del espacio físico hogareño de una familia de gran capacidad productiva estallaba la violencia social de la pobreza. El último reporte de la encuesta de percepción de la seguridad pública en México del INEGI registró dos datos que encendieron las alarmas sociales:
--Las áreas urbanas de interés con mayor incremento de temor a la inseguridad entre marzo y junio de 2026 fueron San Pedro Garza García (de 4.4 a 10.6%;) Los Mochis (de 21.1% a 31.2%); y Apodaca (de 26.1% a 33.4%), tres municipios ricos.
--En contraste, las áreas urbanas con mayor reducción de la percepción de inseguridad fueron Ciudad Nezahualcóyotl (de 55.5% a 41.3%); Nuevo Laredo (de 34.8% a 26.5%); y Zapopan (de 70.8% a 54.1%), zonas medias a pobres.
El dato de San Pedro Garza García, en Nuevo León, encendió las alarmas porque parecía ser un lugar de seguridad propia por algún presidente municipal que contrató su propia policía privada --experiencia que por cierto llegó a Netflix--. Pero la inseguridad está tocando las puertas de los ricos, que también ya están llorando.
Y no se trata de que alguien salga con resentimientos: “para que vean lo que se siente”, porque el asunto es mucho más complejo; la inseguridad llegó en las zonas ricas de alta vigilancia.
Lo que no se tiene todavía muy claro es el tipo de inseguridad: habría que analizar muy a fondo las estadísticas oficiales para entender si se trata de delincuencia común, de delincuencia especializada que está enfocando sus baterías contra los ricos o alguna expresión que corresponde más un realineamiento de los cárteles.
Pero cualquiera que sea la explicación, lo cierto es que ahora sí los ricos comenzarán a entender que la inseguridad es un problema social y no de clase.
Zona Zero
- Los expertos en seguridad están analizando con lupa los comportamientos de Ismael “El Mayo” Zambada para entender la lógica de su decisión de aceptar lo inevitable con respecto a su secuestro y a su sentencia de prisión perpetua, pero tratando de aclarar si corresponde a que su enfermedad tendría mejor atención médica en Estados Unidos que en México o si estuviera mandando un mensaje para preocupar a la narcopolítica mexicana que está en la mira de la Casa Blanca.
(*) Centro de Estudios Económicos, Políticos y de Seguridad.
@carlosramirezh
