Once personas, entre ellas cuatro ciudadanos mexicanos descritos por la fiscalía de la nación africana como especialistas técnicos en metanfetamina, enfrentan proceso judicial en Nigeria por operar laboratorios clandestinos ocultos en bosques del suroeste del país. Las autoridades desmantelaron esta semana el mayor de ellos, en el estado de Ogun, por orden del Tribunal Federal Superior de Lagos.
La instalación fue allanada en un operativo del 16 al 18 de mayo. Más de 350 millones de dólares en metanfetamina y precursores químicos se incautaron en el sitio, según la Agencia Nacional para el Control de la Ley de Drogas de Nigeria (NDLEA), que lo describe como el mayor centro de producción hallado hasta ahora en el país. El tribunal ordenó destruirlo por el peligro ambiental de los químicos, que aún despedían vapores tóxicos.
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Mexicanos, mano de obra en red nigeriana
El caso llegó con la etiqueta de un cártel mexicano que echa raíces en África, pero de acuerdo con medios africanos, quien encabeza la red es nigeriano, Anochili Innocent, de 63 años, y la organización lleva su nombre. Los mexicanos no figuran como jefes, sino como mano de obra contratada por su oficio, el de producir la droga. Junto a ellos fueron acusados siete nigerianos, y los diez se declararon inocentes.
La presencia de especialistas mexicanos en lugares rurales de Nigeria ilustra la lógica de la producción de metanfetamina. A diferencia de la cocaína, puede fabricarse prácticamente en cualquier lugar con acceso a precursores químicos, infraestructura y personal capacitado. Esa movilidad permite reubicar laboratorios cuando aumenta la presión de las autoridades, mientras el conocimiento técnico de los químicos se convierte en un activo estratégico para la expansión de las organizaciones criminales.
El 17 de junio, las autoridades desmantelaron un segundo narcolaboratorio de escala industrial en el vecino estado de Oyo. Durante el operativo se detuvo a otro mexicano, José Villa Ochoa, de 56 años, identificado como un experto químico.
El movimiento no se limita a Nigeria. El general Dagvin Anderson, jefe del Comando África de Estados Unidos, declaró en mayo ante el Senado de la Unión Americana que 12 laboratorios fueron desmantelados en el continente en año y medio, 11 con operadores de cárteles mexicanos que surten a Europa y Medio Oriente. África occidental, hasta hace poco solo el pasillo de la cocaína sudamericana rumbo a Europa, empieza a figurar también como sitio de producción de otras drogas.
Vigilar quién compra la tierra
El patrón llevó a las autoridades a mirar hacia el campo. El general de brigada retirado Mohamed Buba Marwa, presidente de la NDLEA, pidió a los gobernantes tradicionales y líderes comunitarios del suroeste investigar a quienes buscan comprar tierras agrícolas en zonas rurales, para impedir que las redes levanten laboratorios en parajes aislados. El llamado apunta al punto débil que estos grupos aprovechan, terrenos apartados y con escasa presencia del Estado, donde una instalación puede operar durante meses sin llamar la atención.
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A mediados de julio, Reno Omokri, embajador nigeriano designado ante México, restó importancia a los hallazgos, los llamó “incidentes aislados” y advirtió que señalar a México daña la relación bilateral. “Ni Nigeria ni México quieren proteger a criminales(…) pero culpar a sus naciones o meter a todos los ciudadanos de ese país en el mismo saco no es conveniente”, escribió en su cuenta de X.
Cerca del laboratorio de Ogun, la agricultora Florence Banjo, de 59 años, contó que la aldea celebró la llegada de obreros y maquinaria, convencida de que por fin pavimentarían el camino de terracería que lleva a sus casas. Nunca sospecharon que, a un kilómetro de distancia, lo que se levantaba era una fábrica de metanfetamina.
